domingo, 20 de abril de 2008

Las mujeres en la chamba (Precuela)

- Raulín, en verdad te agradeceré mucho que me ayudes a buscar practicante...



Mi destino estaba saldado, sin embargo, eso no tenía porqué hacerme arruinar las muy buenas migas que hice con mi jefe. El hecho de pasar más de tres horas yendo desde Fundo Pando hacia mi oficina y viceversa lo afectaba todo, era realmente ineficiente.



- Bueno, no se como andará José Luis, él vive por aquí.

- Sí, si vive cerca mejor...


- Ah, yo conozco a alguien que vive acá a la vuelta...


- ¿Sí?


- Claro, pero no sé que horario tendrá ella...


- No, no, no - dijo mi jefe, cambiando el tono cordial de la conversación -. Por favor, no más practicantes mujeres aquí por favor...


- ¿Por qué no? ¿Tan mal te fue con Fio?


- Prefiero no arriesgarme - me dijo -. Llegaste un poco tarde, ese es el punto.



Mi aún jefe procedió a contarme los milagros, vivencias y busityerías de Fio en sus diez meses en el estudio. Se había hecho conocida por vender joyas y perfumes en todo el vecindario y en la diseñadora que estaba en nuestro piso, necesariamente tenía que ir en taxi a donde fuere, incluso a la notaría que está a la vuelta, un día había llegado a sugerir que cambien la marca que se usa para la limpieza de las oficinas por el "mucho más fino" olor de Glade.


- Que no te sorprenda que ahora esté vendiendo Herbalife...

- Sí, lo hace... ¿Tú intentaste algo con ella, verdad?

- No, la verdad, no...


- Anda, no mientas...


- La verdad, no pude... jajajaja... todavía estaba con el expediente J en congeladora, no había espacio... pero bueno, ella no es de la PUCP, ¿verdad? ¿Qué tal si yo traigo una practicante PUCP?


- Yala compadre, fue peor... pero no quiero incidir en ello, mi estimado Raulín, no quiero asustarte, pues tengo la sensación de que no has tratado laboralmente con mujeres en una cantidad normal...



En ese momento respiré profundamente. Había ciertos puntos que quería tener por definitivamente enterrados y que, en esta conversación de amigos, involuntariamente tendrían que salir. Por otra parte, también tenía la sensación de que alguien, al fin, iría a escuchar algo que nunca dije respecto a mi vieja oficina del Ministerio de Justicia; en realidad, no cualquier persona, sino un hombre que ejerciese autoridad laboral sobre mí, en estricto, un hombre, pues mis desgracias en la oficina las había comentado con pocas personas, todas mujeres, con la idiota pretensión de tener una opinión veraz.



- No pensé que debería hablar de ello, menos si sirve para confirmar tu postura, mi querido Agustín, pero soy amigo de la verdad.



Me serví un vaso de agua para pasar la cápsula de la confesión. Respiré profundamente antes de exhalar lo que podría ser una confesión que me podría condenar de por vida: Sí había trabajado con mujeres. Mi traba para confesarlo era, aparentemente, mi oposición a una supuesta irracional negativa del jefe para aceptar mujeres como practicantes; sin embargo, sabía lo que me jugaba y el riesgo que corría, de cuya repugnancia conocía muy bien toda persona con quien alguna vez traté: Ser falso por mantener correción total.




- Señor Raulín Raulón, espero su confesión...


Levanté el rostro, por encima del mentón, dispuesto a hacer una larga confesión.


(Post aparte, claro está)

4 comentarios:

Kat dijo...

post que espero con ansias

Elmo Nofeo dijo...

Los traumas que debe albergar tu jefe para no querer contratar mujeres.

Pero que para eso se requiere caracter, se requiere caracter y bastante.

Saludos.

Raulín Raulón... dijo...

Kat: Llegará esta semana, no te preocupes.

Elmo: Mira que cuando me dijo lo de las ventas en el vecindario, me reí. En el mes en que coincidí con Fio, no lo vi, no sé cual hubiese sido mi reacción.

Ojos que no ven, higado que no sufre.

EmPapeLada dijo...

Nos dejas con la incertidumbre... No sé qué de malo hay en contratar mujeres. Pero qué bueno que quieran contar con practicantes, ojalá no los (o las) estén explotando.

Saludos!