domingo, 15 de marzo de 2009

Gimnastic: La matrícula

Lo admito, hasta antes de Nov-2007, desde 1998, había intentado todo por perder peso; no vale la pena ennumerar los métodos, me da roche de todos modos, pero todos tenían un punto en común: Su insuficiente dosis de testosterónica constancia. Desde el intento de salir a correr por el parque Bausate y Meza (ese triángulo mínimo al lado del ONPE, y que parece ser la cereza del helado llamado Campo de Marte) hasta dietas que no duraban más de dos días, con lo que mi madre ayudaba pensando que "me iba a desmayar".


Ya a fines del 2007, toda mi familia, osea el manchón que representa la pareja nupcial Vásquez Rodríguez, había comprobado que no podía desmayarme ni con tres días de ayuno absoluto. En efecto, perdí cuatro kilos y pico que, en una proyección optimista, creía poder perder recién a fines del 2008; sin embargo mi salud no sólo me preocupaba, ME ASUSTABA, por lo que decidí visitar un consultorio para conocer el sello de la nueva cara que comenzaba a mostrar.


Los resultados fueron claros: Se había perdido peso, sí, pero en un mix tradicional, con esto quiero decir que no se perdió sólo grasa y cierto exceso de agua (como suele ser el ideal), sino también fibra, tejido útil, masa magra. De otro lado, mi colesterol había disminuido muy poco, igual que mis trigliceridos, y la presión seguía igual, principalmente por el oscuro porvenir que divisaba. Parecía que sólo había cavado la mitad del túnel, pero aún no estaba debajo ni del patio del penal de Lurigancho, o no había cruzado aún el Jr. Marconi.


Después de cada día de trabajo, por entonces, y debido más que nada a la tirria contenida, solía correr por el Campo de Marte hasta... cansarme, lo que no representaba más de 7 minutos diarios, y la cuestión distancia no había cambiado mucho: Corría desde la intersección del Jr. Horacio Urteaga con Jr. Nazca hasta... un poquito más allá del monumento de los caídos de la guerra de 1941.



Esos días, volvía a mi casa alegando tantas tonterías tipo César Nalgasaki, como de costumbre: Que es difícil correr después de un insufrible día de chamba, que aún no me recupero totalmente del asma, que así es el organismo de un fumador empedernido... en fin, una bola de embustes. Era un rasgo general de mi estado físico psíquico (como el de muchos otros), un cambalache incesante de peros, excusas contradictorias, cualquier cosa para evitar tomar el toro por las astas en muchos aspectos de la vida, escudándose en posibles soluciones como "todo pasa por algo", "ya llegará el momento", "no es tan malo de todos modos" o, ja, "todo cae por su propio peso". Mentiras que salen de uno, y que alimentan las mentiras del resto del mundo, tal como detallaré más adelante.


De hecho, esto sí había caído por su propio peso. Conversando con Raulex, nos dimos cuenta de que mucha de nuestra guanga consistencia corporal, amorosa, estudiantil y, por entonces, hasta preprofesional, se debe a nuestra leve disciplina para muchas cosas que consideramos "mundanas". Siendo reciente la sentencia del caso J, acordamos que, en lugar de unas chelas, ambos aprovecharíamos nuestros vales de tres días en el conocido gimnasio que estaba cerca de nuestras casas, ese mismo día. De todos modos, cada uno, sin torneo a la vista, tendría harto tiempo.


Después de las evaluaciones en los aposentos de las mujeres de blanco del gimnasio, y utilizando las fajas (que para entonces era, para ambos, meramente caminadoras) sacamos al fresco varios considerandos y una resolución:


1) Que Raulex estaba en peor forma que yo. Por eso, había caído tan pronto en el campeonato que se había cerrado, mientras yo terminé luchándola hasta la fecha final, ganando cuatro partidos al hilo (incluyendo el derby, pero igual, segundón).

2) Que estar dentro del peso, no significa estar libre de grasa; eran 82 kilos míos, de los cuales casi 25 eran grasita. También pueden preguntárselo a Juan Manuel.

3) Que el gym era relativamente costoso para nuestros sueldos aún de practicantes en Derecho. Sin embargo, más costosa sería una liposucción... o una cirugía a corazón abierto (y no éramos nada emos para desear morir).

4) Que teníamos más tetas que algunas de las tías que estaban ahí.

5) Que teníamos la posibilidad de sacarnos nuestros respectivos clavos en el verano con algunas otras "individuas", siempre y cuando ellas tuvieran más que nosotros de aquello mencionado en el numeral anterior.

6) Que había que aplicar el Análisis Económico de Alfredo Bullard, curso que llevamos juntos como Impuesto a la Renta: El alto costo implicaba, en realidad, un incentivo indirecto a cumplir con nuestra parte, a poner disciplina y sacarle todo el jugo a esa fruta. Si perdíamos ahí, perdíamos harto billete, era una apuesta fuerte...

7) Que íbamos a apostar. De todas maneras, el gym estaba abierto hasta las 11, había tiempo después de la chamba.


Bueno, al menos yo aposté. Raulex no pudo con los siguientes dos días del pase gratis, ni comiendo helados Peziduri con fruta...


Y fue ahí donde comenzó el getting fiscal, y el getting fiscal se decidió a... trotar... y trotando se construyó la historia... de la cual no sabes ni papa... porque esta es recién la segunda entrega que llega a tí...





El buen Homero descubriendo el gym de Springfield. El horario de ese establecimiento me caería a pelo.

7 comentarios:

Yvonne dijo...

Oeee, yo deje de leeer a Robles desde que se dedicó a escribir su "vida gym" xd, así que ya sabes jajajaja.

Yo salgo a correr todas las mañanas, regreso, desayuno y me tiro a dormir de nuevo, o sea no me sirve de nada en lo físico pero al menos alivia mi conciencia.

BocaDelcielo dijo...

Raulín Raulón,

Que tal fuerza de voluntad!!! Yo corro pero alrededor del pentagonito... las excusas siempre pueden más cuando salgo de la chamba y digo... no, hoy estoy cansado... ya mañana corro el doble.

Yo NO creo eso de gordito pero feliz.

Alexis encaletado dijo...

Ya intenté con salir a correr y créeme que estuve toda la semana con un dolor de cuerpo infernal.

Y lo peor es que no sé como fucking bajar los diez kilos demás que debo tener.

En fin...

Omar dijo...

JAJAJA..Yo hacia planchas y abdominales..antes de entrar a la ducha.. Era como para calentarme..
Pero la flogera puede mas .. y ahora solamente busco mi toalla antes de ducharme..
De todos modos estoy conciente que es bueno estar en forma...
Saludos .. Raulin..
No te olvides de leerme. .

Raulín Raulón... dijo...

Yvonne querida: Con la conciencia tranquila sólo gano el cielo. Y creeme, ese empate no me sirve de mucho.

BdC: Es también por el incentivo de haber pagado.

¿Sabes? El gordito feliz no existe, es una leyenda urbana como el chico bueno, el chico malo y otros baladíes.

Alexis: Hacen falta vitamins y dejar los videojuegos.

Tienes que ir por el tema del cambio de metabolismo y limpieza interior. Un par de días de ayuno podrían ayudarte.

Omar: Es cierto, ya escribiré sobre la utilidad del tema.

De otro lado, mis "abdominales" de otras épocas, tenían otra intención, la cual contaré, un tema que otro blogger ya adelantó.

Por supuesto que no lo olvidé, pero en esta oficina la PC muere colgada como los Gutiérrez.

FUGITIVA dijo...

correr...no me agrada mucho, prefiero jugar voley pero hace mucho tiempo que no lo hago jaaa
Mi fuerza de voluntad no me ayuda, yo muero por bajar de peso me siento fat, pero me da pereza :(

El Dios Ateo dijo...

"5) Que teníamos la posibilidad de sacarnos nuestros respectivos clavos en el verano con algunas otras "individuas", siempre y cuando ellas tuvieran más que nosotros de aquello mencionado en el numeral anterior." Qué buena.

Cuando era más chibolo hacía pesas, pero las dejé porque me dijeron que me podía quedar chato, U.U, ahora que ya bordeo los 19 las estoy empezando a enamorar otra vez.