martes, 3 de marzo de 2009

Defunción



Hace unos días, un familiar muy cercano a una de mis mejores amigas, Lu, falleció. No hablé sobre ella en el año nuevo, a pesar de ser parte del mismo grupo y porque para entonces, el problema con este familiar recién había comenzado. El anuncio de su estado se dio justo en la tarde del cataclismo en Cieneguilla, y en forma muy egoísta, no pudo ser menos conveniente para mí.


Una de las cosas ante las que no puedo oponer resistencias son acontecimientos tales como enfermedades mortales o la muerte en sí, y eso en verdad me tuvo pensando, junto con la condición especialmente desfavorable de Lu: Cuando nos conocimos, ya había perdido a uno de sus padres, y hace un par de años, al otro, por el mismo problema de este familiar. No era para menos, en cuanto pude me presenté con un arreglo en nombre de nuestros amigos en el velatorio.


Me quedé un momento muy sobrio, alejado del grupo de amigos; tampoco tuve valor para encender un cigarrillo por el terrible temor que había colmado mi cuerpo. Me fui tranquilizando un poco al ver a Lu bastante más tranquila de lo que esperaba, a diferencia de lo que sucedió en Diciembre, cuando no pude tener alcance alguno de su estado emocional.


Finalmente, me acoplé al grupo, todos ya algo sosegados y teniendo esta ceremonia como excusa para conversar sobre ciertos temas que nos interesaban a todos y/o algunos de nosotros. El celular de DJ sonó en ese momento, contestó y dio indicaciones para llegar a la iglesia.


- Es C, está llegando en cinco minutos.


Casi por reflejo, todos me estaban mirando; desde los días finales del 2008 no habíamos coincidido en nada, salvo una ocasión en la facultad, cuando sólo fui por unos documentos. Eduardo, DJ y Sandra me miraban directamente, como esperando alguna palabra o reacción de mi parte, ¿qué querían? ¿"Wasi-Wasu", "Yo no fui"?, situación que me quitaba la tranquilidad sin motivo coherente; los demás dejaban sentir el rabillo de sus ojos. Actitud que me llegaba y me hacía desconfiar mucho de varios de mis amigos, pues de por sí me molestaba que todos, incluso con quienes no tengo tanta confianza, sepan del tema.


Nuestro saludo fue frío, bastante frío. Ya no fue el encuentro de dos placas tectónicas como el año pasado, sino el roce de dos glaciares bastante duros, nada afectados por el calentamiento global. C se unió a la conversación como un pata más, tal como yo pensaba tratarla: Un pata más, procurando que esa posición que ambos nos dábamos sea lo menos dañino posible para la autoestima de cada uno.


- ¿Le han avisado al Anaranjado, verdad?


Cuando C hizo esa pregunta, todo el mundo la miró sólo a ella, directamente: Algunos con una cara de regaño por una torpeza, y otros con una expresión de reproche por algo hecho adrede. El Anaranjado es un ex novio de Lu que terminó con ella de muy mala manera, por lo que era mortal mencionarlo en ese momento. Lu era la única que desvió su mirada hacia mí, como quien pretende llamar la atención de la policía, y no era para menos.


- No, que no venga. Soy ducho en sacar a la fuerza elementos indeseables de los velorios - vi que la gente bajaba la cabeza, como que no habían asimilado el gazapo de C, así que tuve que seguir -. Abelo recuerda cuando murió mi abuelo, tuve que sacar a algunos supuestos prestamistas con otro primo, y a supuestas madres de sus hijos, ¿cómo un señor de 93 años podría tener hijos de 4 o 5 años?


Seguí con esa narración para barajarla. Lu sabía que el único que podía y sabía como controlar ciertos deslices de C era yo, así como conocía de la ojeriza secreta que había entre ambas desde hacía mucho tiempo (en parte, por culpa del Anaranjado), en la que todos sabían que yo no iba a estar del lado de C. Pero veía que no había servido de mucho, ya había un punto de inflexión que no se había desatado del todo...


- ¿Saben? A mí también me gustaría ser pelirrojo y que mi viejo hubiese seguido en el partido, para poder estar tranquilo con mi carrera condenada al fracaso.


Quería basurear al anaranjado: Lo que había dicho era de lo más sincero que había salido de mi boca en los últimos... ¿meses? Felizmente, las tensiones se desviaron hacia mi legítima aversión hacia quien tiene más a su favor. Por último, quería hacerlo mierda porque lamentablemente, desviaba la atención hacia los presentes acá por un ausente que no debiera significar tanto, especialmente de parte de los dos personajes más importantes de la escena; siempre pensé que la suerte mía no sería la misma si el Anaranjado no hubiese nacido nunca.


Abelo tenía que irse a otro lado después del velorio, y los demás se quedaban por Surco o San Borja, así que salí premiado: Me vi forzado a transportar a C a su casa, que estaba camino de la mía. Una falla Abelo, si vivía en Breña... no tomaríamos un whisky por ser día de semana, pero al menos habría con quien conversar en el camino. Lo de C en el velatorio nos incomodó a todos, especialmente a mí. Y no es disconformidad, no es algo que espere una corrección de parte de quien lo hace; era hastío, la confirmación de elementos significativamente defectuosos, imperdonablemente defectuosos. No tenía ganas de que C me hablara, al contrario, quería llegar rápido a su casa y que se baje sin tener que estacionar, de ser necesario, pero la torta se me volteó por un momento.


- En serio, no hubiera tenido nada de malo que venga el Anaranjado...

- Realmente, me llega...

- ¿Y por qué te llega tanto? Siempre tienes algo en contra de él...

- Dime si no tenemos razones. Sí, tengo algo en su contra, me alegro como muy pocas veces en la vida con su sufrimiento...

- ¿Por qué? ¿Por como terminó con Lu? ¿Por como la afectó? Siempre he pensado que Lu te importa demasiado, que le importa demasiado a todos...

- Sabes que no es así. Por lo menos no conmigo, la apreció tanto como se lo merece, así como contigo...

- Siempre te ha gustado, aunque seas amigo de su enamorado, odiabas al Anaranjado por eso...

- Lo detesto por algo que jamás entenderías. Eres una mujer que no...

- Siempre detrás, siempre atento, testigo de cada paso, ese es tu estilo, y por eso...

- ¿Por eso qué? ¿Te molesta que le preste más atención que a tí, o que pase lo mismo con otros? Sí, me conoces algo, sabes que ella para mí sería una pareja ideal, como todas mis...

- ¿Ves? Eres así, eres así, de tender trampas, en el momento menos pensado...

- Te equivocas. No me fijé en ella, lastimosamente. Nunca lo hago, siempre escojo malos números. Parece que queda claro...


Estacioné el carro. Necesitaba hacerlo porque esto sí se había puesto incómodo para mí y necesitaba un momento estático para disparar o recibir una verdad explosiva. C y yo, de cualquier manera, convertiríamos este carro en un coche bomba en el Parque de la Reserva.


- Tú eres la hipócrita. Tú eres quien viene a saludarla aún sintiendo la envidia que sientes sólo para quedar bien. C, te conozco mejor de lo que crees, sé cuando mientes, sé porque haces algunas cosas...

- Tú también tienes razones ocultas...

- Ni siquiera deberías molestarte por eso, al menos de mi parte. Sé lo que quieres y es lo mejor. Yo a tí jamás te he mentido, como tampoco a Lu, lo de hoy también lo hubiera hecho por tí, si no fuera por...

- ¿Yo qué? ¿Por qué no hacia mí?


Miré un rato en dirección a las piletas. Ya estaba harto y, sin embargo, para liberarme, existía la posibilidad de disimular el torrente ocular con el torrente de La Logia. Es el problema del ataque: Para embestir, es necesario bajar los escudos; aún así, mi mejor defensa fue el ataque.


- Porque hubiera hecho más por tí. Eso. Piensas tanto en tí misma, que no dejas que alguien piense en tí. Ni Roberto, ni Luis, ni Lu como amiga, ni siquiera yo, quien lo hace siempre termina mal contigo...

- ¿Sabes qué? Estás bastante insufrible, mejor salgo de aquí.


¿Qué creía? Se repuso la voz al toque. Tuve ganas de ir a Larcomar, comprarme una agenda de la Ley de Murphy y poner en la hoja del 24-Feb "Día de menstruación de C", para luego ir sacándole el cálculo y poniendo lo mismo cada vez que le podría tocar (tomando la variable Abancay aplicable a la legendaria irregularidad limeña). Que se baje si quería, su casa no estaba tan lejos de todos modos.


- Sí, anda. Los taxis abundan por acá.


Esa era la firma que faltaba en el certificado de defunción, la mía. El problema de los abogados es nuestra parsimonia: La mía, para la firma tardía, y la suya, para no jalar la palanca de la puerta a pesar de haber encendido yo mi cigarro...

2 comentarios:

El Dios Ateo dijo...

Puta...



Nunca sé qué decir en estos casos sin que suene a frase trillada.

Yvonne dijo...

El Anaranjado es un ex novio de Lu que terminó con ella de muy mala manera, por lo que era mortal mencionarlo en ese momento

Irónico que sea "MORTAL" mencionarlo en un momento que era justo eso lo que los había reunido : La muerte.