sábado, 21 de marzo de 2009

Profesionalismo (1)



Una de las grandes fronteras de Lima es la Av. Abancay, Av. Huacatay, Av. Mierda como la suelo llamar. Siempre lo fue, cuando era un jirón que moría en los muros de San Francisco separaba la ciudad de los criollos de los asentamientos de indígenas, negros y pobres del barrio de Santiago del Cercado; la sede central de los palacetes y otros vestigios de una villa jardín del jirón Capón, de los hospitales de enfermos incurables, del callejón Otayza y del opio reinante; la Lima con aspiraciones peninsulares y desdeñosa de la Lima ultramestiza, esa que no es incluida en los paquetes turísticos, como suele pasar con el país. El resto del país devolvió el golpe con la mutilación del convento franciscano, hasta apropiarse (a su manera) del jirón, convertido en la avenida más tóxica de todo Lima y en escenario de más de un conflicto social a lo largo de la historia.

Pese a ser las 8:10 de la mañana, me veía forzado a hacer cola para entrar al que fue el edificio público más imponente de toda América Latina en su tiempo (hasta 1971), el Javier Alzamora Valdez, ex Ministerio de Educación, hoy sede principal de la Corte Superior de Lima desde 1995. Mi principal misión no era "chamba", aunque sí la complementaria, en realidad también vendría a ser principal, porque en ese par de casos tengo harto que ver.





Paso la revisión de mi maletín y nuevamente, a pasar por otra cola, para los ascensores. Tenía que ir hasta el octavo piso de los 22 del edificio, presentar un par de escritos y apersonamientos, y hablar con el secretario lo más pronto posible. Como dije, esa no es mi principal labor ahí, mejor dicho, no es la que más me concierne, aunque sostenga la principal. Felizmente, conozco al secretario encargado de mi expediente, afortunadamente lo conocí cuando había aprendido una de las cosas más valiosas de mi profesión, y había apaciguado un rasgo de mi personalidad adolescente, de "estudiante de pregrado": Hay que ser cortés y complaciente hasta la pleitesía con quienes ven tus casos aunque sean unos reverendísimos apestosos, y no hay que ponerse faltoso ni tomar la autoridad que a uno le da el pagar impuestos. Aunque sinceramente, este patita no encajaba en el prototipo de funcionario judicial al que habría que besarle la sortija; era nuevo, y era mejor disfrutarlo, lacrearlo y mover el expediente antes de que lo hagan rotar, o que el "rote" solito.


Prefiero bajar los ocho pisos por la escalera, siempre, todas las veces en las qu e tengo que subir, no por gusto voy a gym. Es verdad que por esto de las "asesorías", tramitaciones y demás no gano más que por un cachuelo (en realidad, lo es), pero bueno, es culpa de ellos por firmar un contrato que establecía Lima como Distrito Judicial para sus posibles chanchullos. Como digo, desde el 6-Mar, mi interés primordial se encuentra debajo el hall principal.


Y así, casi todos los días de estas dos últimas semanas, pensando no sólo en la necesidad de sacar el expediente penal que tendré que sustentar, sino también en la urgente de acostumbrarme a ciertos pasillos, ritmo de caminata y falta de agua que me impactó ligeramente en este mes de marzo.


Debo confesar que durante el mes de Febrero, fui evadiendo cobardemente este tema por una cuestión sentimental (para variar): No quería saber mucho de la abogacía después de mi conflictuado paso por el estudio, ni por el desilusionante final de mi vida como estudiante. Lamentablemente, pensar en esos temas me obliga mucho a hacer un repase sobre lo más pesado de mi vida en los últimos años, en factores en que preferiría dejar atrás para no tener que acudir a consulta nuevamente, en cosas que, correspondiendo al post anterior, suelo pasar por alto por su complejidad y carga, excesiva para esta época especializada en la veleidad.


En fin, esta es sólo la primera parte de mi viaje de hoy, el cual se prolongará hasta INDECOPI a revisar unos cuantos expedientes. Si tengo suerte, a partir del 25-Mar podré pasar por la universidad a recoger mi cartón de Bachiller (el que supuestamente iba a recibir en mi graduación, según mis televidentísimos padres), pero eso ya no es parte de este post, a ver si me doy abasto para escribirlo.


Ahora escfribo este post luego de recuperarme de un molesto episodio de deshidratación que sufrí entre el jueves y el domingo de la semana anterior. Eso y la falta de sueño, después de la parranda me fui de boleto para el Manchester-Liverpool... lo vale, carajo, lo vale, 1-4, es uno de esos disfrutes incomparablemente futboleros.


Update: Ayer, viernes, también estuve con la boca reseca, esto ya me comienza a saber a kión.

10 comentarios:

El Dios Ateo dijo...

"aaaa la" qué fea chamba. Yo también odio esa avenida, sobre todo para ir a amazonas a comprar libros de segunda.

azul dijo...

saludos Raulin
despues de tiempo vuelvo por tu "Vacant Lot".
siempre bueno .
Lo del Liverpool tambien lo viví, maestro Gerrard. (y)
en la Champions le toca cn el Chelsea, seguro lo gana tb.

Yvonne dijo...

Yo odio la Av. Abancay, cada vez que voy por ahí siempre tiene que haber una huuela, manifestación, yunza, lo que sea y me quedo atracada en medio de ese infierno :S

Raulín Raulón... dijo...

Dios Ateo: Sí pues, gajes del oficio, pero al menos me ayuda a reflotar el daño en mi tercer órgano más importante: Mi billetera.

Me has hecho recordar que hace tiempo no voy a Amazonas. En realidad, soy más de ir a las galerías de Jr. Quilca, Av. Wilson y Av. La Colmena, también para ver discos, mismo High Fidelity, colecciones fotográficas y de billetes antiguos.

Azul: Pues muchas gracias, compadre, y bienvenido de vuelta (siempre) a este hospedaje.

Gerrard es el mejor del mundo, sobretodo porque a diferencia de otros no se esconde en los momentos importantes (para el oído, C. Ronaldo, y tú también, Lampard).

Yvonne: Yo también la detesto por eso, jamás me metería en carro por ahí, mientras termino de desatorarme, las piezas del pobre ya estarían bien distribuídas por San Jacinto.

Por cierto, lo odio también porque alguna vez trabajé en esas oficinas.

El Dios Ateo dijo...

Supongo que en cuanto a los dos primeros órganos más importantes coincides con Woody Allen, quilca tiene lo suyo, pero meterse a amazonas es hacerla un poco de reciclador, ¿no?, aunque siempre hay la esperanza de encontrar alguna joyita.

Señora Vaca dijo...

Hola Raulín,

Odio la av. abancay, sobretodo en verano!!!

Y si voy caminando mil horas para cruzarla... suave con los choros!

Alexis encaletado dijo...

Hubo un tiempo en el que yo andaba por la Av. Abancay todos los días. Pero desde hace harto rato que ya no entro allí. A lo mucho llego a Palacio de Justicia, pero a Abancay, naca.

Esa avenida es la peor condena que podemos sufrir los abogados. Con esa calle estaremos pagando las culpas de alguien (o algunos).

Saluods!

Raulín Raulón... dijo...

Dios Ateo: En verdad, las cosas que debí encontrar en Amazonas, las encontré cuando ellos estaban en la Av. Grau. La última vez que fui, encontré mis libros de matemática primariosa.

Señora Vaca: ¡Sí que sí! En verano es mucho peor, y en mi caso fue algo perjudicial para mi salud, tema de otro post.

Felizmente, nunca tuve problemas con los amigos de lo ajeno. Sé moverme en ciertos ambientes hostiles.

Alexis: A mí también me parece insufrible, y no hay costumbre que pueda alegarse a su favor.

Eso sí, yo conozco una condena peor: El parque Aljovín, detrás del Palacio, frente a la Maison. Por alguna razón, ese parque me parece tétrico.

Omar dijo...

Grande Gerrard.. !
Jajaja..partidazo.. Raulon..
Felizmente que no soy abogado.. pero todo tu sufrimiento lo vivi.. alguna vez.. cuando ayudaba a mi mamà en sus cosas.. de la abogacia..
Saludos ..! Rauloon.. hey. .dejate llevar..!

Jimmy dijo...

Entre los recuerdos de una mortal ex y el caos eterno de abancay es comprensible tanto odio a tan convulsionada avenida.

Te acompaño en el odio.