sábado, 27 de octubre de 2007

Para quienes resisten...

...y resistimos, me incluyo, un futuro incierto, un presente laboral (o de otra cosa, si quieren)cuyo destino habrá de ser el olvido. No sé que tiene esta edad de hacernos infelices por cualquier cosa, de hacernos caer un día en la debilidad absoluta, pero felizmente la vida continua y, salvo para los empleados público, hay futuro.


La canción es de 1962, de un grupo inglés llamado Gerry and the peacemakers. Como muchos sabrán, esta canción se convirtió en un himno universal del fútbol, pero creo que (como las cosas del fútbol) vale para toda la vida. Sé que muchos de ustedes, lectoras y lectores amigos míos, pasan ciertas vicisitudes laborales, yo también, pero también cuento las horas, los días y mis sueldos para salir a la calle y bailar como Jason Alexander pero en el Jirón de la Unión y después cantar "Yo piesaré esta cancha otra vez, yo seré campeón nuevamente, jajajajaja". En fin, otro día les pondré esta canción de la boca de la mejor hinchada del mundo...


lunes, 22 de octubre de 2007

Táctica y Estrategia: Feriados, la billetera de mamá y Offsprings

Continuación de Táctica y Estrategia...



Días 7 y 8 (8 y 9-Oct):



Nada mejor que trabajar para llenar el alma, sobretodo un día feriado. En realidad, ni siquiera debería hacerlo por mi salud (últimamente, mi trabajo amenaza la paz de mi estómago, aparte de J y la universidad) y, al haber llegado yo en Julio, no tengo más que 1/4 de la culpa del bochinche permanente que representa la oficina.


Llegué a las nueve, revisando casos, escribiendo proveidos, respuestas, informes, cuestionarios, entre otras cosas. Muchas cosas que extrañamente se quedaron en el tintero o en el teclado, tantas cosas que se podían hacer entre las 7:50 y las 8:20 (hora general de llegada de mis compañeros). Tal vez lo evité, tal vez por el apuro por salir, pero ni las gracias recibí, sólo una intentona de mi jefe para recibir unos diez mangos para algún refrigerio... ¡hablamos!


De todos modos, con la cabeza llena de preocupaciones, de clase de IR fresca después de la chamba del martes y con los dedos adoloridos de tanto teclear, sentí inútiles muchas cosas, entre ellas el esfuerzo, el cansancio, el gasto. Ni siquiera había hecho esto por mí, sino por alguien que no sabe como dirigir su dependencia, cuya culpa también nos salpicaría si todo ello salía mal...


No gracias, sólo quiero olvidar otro de mis grandes fracasos: Mi medianamente bien pagado trabajo. Volví a odiarlo, a aburrirme de todo esto y pensar que nunca será lo mío. Felizmente, estos feriados me valen para una libertad anticipada a esta prisión...


Día 9 (10-Oct):


Soy hijo único y sin embargo, para variar, mi realidad es chocantemente distinta.


Nunca fui muy apegado a mis padres, a ninguno de los dos, menos al resto de mi familia. Puede que por la brecha generacional (mi madre me tuvo casi a los 33, una edad casi de escándalo para la época; mi viejo, más viejo aún), porque ambos solían trabajar mucho y sí,estaba expuesto a Pascualillo en la radio am de la cocina de mis casas (ojo con la mudanza del verano de 1991), a la lectura de El Comercio, a los Thundercats, a los apagones (me ayuda mucho ahora, pues puedo guiarme muy bien en la oscuridad, varios de ellos los pasé solo en casa), a la Pandilla Basura, entre otras cosas. Tal vez porque en los pocos momentos familiares eran demasiado absorventes, de cuidar demasiado y casi apartarme de ciertas cosas del mundo; o quien sabe, finalmente se deba a que con una sola persona se pueden cometer todos los errores y nunca se podrán cumplir todos los sueños, ser su último vestigio y prácticamente, aparte de su orgullo frente a todo el mundo, estar obligado a hacer todo bien, decidir todo bien, cualquier movimiento en falso repercutiría demasiado, y no sólo en mí, sino en aquellas personas que esperaban una conducta casi perfecta de mi parte (la perfección también podía ser un error imperdonable y harto reprimible).


No solía pensar en ello hasta el final de este día. Ya estaba listo para salir a la oficina cuando escuché la voz de mi madre preguntando por una cartera suya con documentos, desde su cuarto, desde la sala, desde la cocina... in crescendo, comenzando a estremecer todo el departamento y a alterar su frágil serenidad. No me había puesto el saco y ya no sabía donde buscar aquella cartera cuyo contenido según iba diciendo y yo entendiendo, era mucho más importante de lo que pudiese parecer para ella, para cualquiera. Sus comienzos de gritos, sus manos en la frente y todo eso también era mío, sus caminatas de un extremo a otro de la casa buscando no sabiendo donde, sabía como se sentía pero no sabía si era adecuado intervenir, o simplemente largarme y mantener la inercia diaria, sin problemas.


No sé porqué en ese momento recordé cuando a mí se me había perdido mi billetera, con carnets, dinero y sobretodo, mi colección de etiquetas Adidas y mis autógrafos, recordé su reacción y sus continuos reproches contra mi particular concepción del término "orden" a partir de aquel extravío tan importante para mí, por lo que decidí dar y tomar una lección...


Después de diez minutos de lamentar haber hecho un retiro el día anterior, de escuchar a mi padre despotricar contra nuestro descuido desde la mesa y de la reciente pérdida del celular de mi madre, encontré no solo la billetera, sino algo más importante: Las frustraciones presentes en ambos. Ella no solo lamentaba haber perdido su plata supuestamente en el taxi de regreso a la casa, sino lo mucho que le costaba ganar aquello en un trabajo que la molestaba cada vez más y también la indiferencia de mi padre que tomaba su café, tranquilo, como trabajador independiente y de renta cada vez menor, pero fija como parece ser todo en su vida (honor a la verdad, el viejo se ganaba desde hace décadas un buen par de cuernos con esas actitudes, lo justo tío pacori, felizmente ambos tienden a la injusticia aunque crean que no lo sé); en todos mis años, en sólo esos segundos, entendí muchas cosas de mi madre que ni siquiera había podido interiorizar cuando me tocó vivir sólo con ella y mis abuelos.


Me senté un poco más tranquilo, no me importó dejar unos minutos de retraso porque, en mi oficina, los cacasenos siempre llegan tarde (cosa que no cambia) para desayunar (carajo, si van a tomarse tanto tiempo, al menos vengan comidos, o no coman, para que chambeen más y así les sepa más rico el almuerzo). Simplemente le di un beso en la frente a mi madre y en vez de decirle lo de siempre en casos similares ("Mamá, orden no significa una disposición estética de las cosas, sino una organización funcional y ahorradora de tiempo aunque se vea mal"), sino que se tome su tiempo la próxima vez. Mi padre me ofreció jalarme hasta la oficina en vista de que ya se me hacía tarde, pero conocía la temeridad suya al conducir en condiciones de retraso, por lo que me negué, quería llegar ileso y sin hiperventilar.


Día 11 (12-Oct):




Contundentes dosis continuas de todo el disco Americana de Offsprings, a fines de los noventa, me ayudaron a curar los rasguños de mi primera gran, anunciada (CANTADAZA en realidad, más cantada que Rasguña las piedras en campamento), larga y agónica frustración amorosa; rasguños que deolían entonces como puñaladas, y que el tiempo no ayudaba tanto como ahora a curar.


Es bueno disipar la mente, sobretodo con una canción tan desprovista de romanticismo y a la vez de tan buenos recuerdos, de mensaje tan real (hay gente "for you, no way", felizmente yo no).


1) Ese vídeo es rezago de mi adolescencia. Ahí nomás.
2) Sin embargo, lo que quedó para la posteridad como un baile de victoria del salamandra sobre la kottorra es aquel bailecito y por supuesto...


UNO, DOS TRES, CUATRO, CINCO, CINCO, SEIS...



sábado, 20 de octubre de 2007

Táctica y Estrategia: Los primeros cuatro días

Mi táctica es mirarte/ aprender como sos/ quererte como sos.
(Cumplido)


Mi táctica es hablarte/ y escucharte/ construir con palabras un puente indestructible/
(Cumplido)


Mi táctica es quedarme en tu recuerdo/ no sé cómo ni sé con qué pretexto/ pero quedarme en vos.
(Mal que bien, yastá, cumplido)


Mi táctica es ser franco/ y saber que sos franca/ y que no nos vendamos simulacros/ para que entre los dos no haya telón ni abismos.
(Los primero que se cumplió)


Mi estrategia es en cambio/ más profunda y más simple/ mi estrategia es que un día cualquiera/no sé cómo/ ni sé con qué pretexto/ por fin me necesites... (PENDIENTE)



Mario Benedetti - Táctica y estrategia.




Lo repitió Enrique Bardales en su análisis del Derecho y Literatura, también Jorge Bravo Cucci: La táctica y la estrategia lo son todo. Y creo que de ellos he aprendido mucho...



Desde inicios de mes, he desaparecido de la vida de J. ¿Razones? Terapeúticas, así como lo leen; no es que haya vuelto a las andadas con el Zoloft o huevadas por el estilo ni nada similar. Desde la fecha de un olvidable fracaso académico y el comienzo de una etapa tormentosa en la oficina que creo sólo acabará al finalizar mi contrato, he sentido una debilidad tremenda que me llevó a un estado de sitio personal, en el que realmente sentí que J no sería suficiente, o que simplemente no sería la solución, ni siquiera la mano sobre mi hombro por la que no debería pedir. Por ello, decidí alejarme de ella, quería saber si yo también podía ser aquella mano que mencioné.



El proceso es, en verdad, difícil, sobretodo en aquellos momentos que uno necesita más de aquel alfajor de sabor especial a sauco. Sin embargo, había otra razón, más de una, que posibilitaban que aquel fragmento de Benedetti esté aún sin cursivas en mi pizarra. Aún no había cumplido, y J había escrito por mail uno de esos confusos mails, salpicados de no se qué, no sé cuanto, estima, cierto interés, cariño o amor a pizcas por miedo al exceso, sonrisas y sus dedos delgaditos...





Día 1 (Martes 2-Oct):





Después de la dura y a veces penosa clase de Impuesto a la Renta (Tributario es una de mis especialidades, pero a veces simplemente se me escapa la tortuga del caparazón), de aquella frustrante entrevista y de otro día de trabajo que simplemente odio, era necesario establecer los hechos. Había recibido otro de esos correos de J, esos que bien podrían valer como una llamada de no ser por la confusión de sus letras, su excesiva solmenidad y profesionalismo que hacen las veces del pellejito en el pollo a la brasa: Es de lo que más me gusta pero, definitivamente, lo que menos bien podría hacerme, más aún cuando tenía tantas ganas de expresar debilidad en un regazo del cual no me sentía seguro aquel día.





Obviamente, no iba a responderle inmediatamente, ni mañana. Una de las primeras cosas que aprendí con respecto a la comunicación con mujeres es que nunca jamás hay que responder en una, salvo que sea con la enamorada, con la que hay que jugar en pared. No era lo que necesitaba, pero parte de mi táctica (demasiado) especulativa era disimular ciertos atisbos de interés, aún cuando mi primer síntoma del período de abstinencia se me presente esa misma noche, en forma de insomnio, necesidad de hacer algo y fumar a las dos de la mañana.





Día 2 (Miércoles 3-Oct):





No hay mejor forma de terminar un día de mierda que yendo a dormir temprano, cansado, no tener otra prioridad, olvidar que la humanidad existió ante mis sentidos en las últimas 96 horas.





No me agradan esas presentaciones en vivo de comienzos de los 80 y debo admitir que el cantante parece un anticipo de Locomía, pero la canción es de la puta madre.











Día 3 (Jueves 4-Oct):





Nuevamente un día de mucha presión laboral, de mucho estrés estudiantil. Presión de porquería, era el precio que debía pagar por demostrar que soy el mejor en lo que hago, haga lo que haga, justo castigo por mis años de desidia y ausentismo espiritual, indecisión que me llevó a esta búsqueda de senderos.





No hay lugar donde uno pueda sentir más soledad que una oficina donde las cosas simplemente no funcionan: Un jefe que no entiende ni se deja entender, compañeros realmente inoportunos a la hora de su hueveo natural (cosa más que natural en ciertas oficinas), compañeros que no pueden hacer las cosas y un mesa de partes altamente desordenado a pesar de sus años. Ya tengo dos días sin haberle dicho ni J a J, ¿pensar en otra mujer? ¿En quién? ¿En la otra asistente de la oficina? Ya me dejó claro que la chica no entendería nada de lo que pudiera expresar, nunca supo a que me refería con mi expresión "¡Qué cacaseno!".





Andrés me lo sugirió cuando la vio, y simplemente le dije que no era mi tipo; le prometí un post al respecto explicando casi todas mis razones, excepto estas dos: 1) Un clavo saca a otro clavo, pero cuando el otro clavo está clavado y 2) Realmente la pre-abogada de la oficina no tiene punto de comparación con la psicóloga "que me espera en casa" (OPTIMISMO E.WONG!!!!!!!).





Día 4 (2:30 am del viernes 5): LINEAMIENTOS





No podía dejar que su forzosamente llamativa ausencia hiciera estragos tan rápido en mí. Tal vez esta frustración respecto a mi fuerza de voluntad no me dejaba dormir, esa que siempre fue mi punbto débil cuando sucumbía ante el poder de una grieta que terminaba apartándome de mi camino.





¿Tan poco había aprendido en tanto tiempo? Tal vez era pura teoría que estaba entrando en una étapa de crítica práctica. Por otro lado, ahora sí me sentía encerrado pues tenía una visita recién llegada y afincada en la sala, lo que me impedía permanecer en su tolerante y ya conocida oscuridad, aunque este tipo de intimidades era mejor dejarlas en mi domo rojo. Pienso demasiado alto, a veces me gustaría escuchar los mismos ruidos que cuando niño, me hacían pensar que alguien más joven que yo habitaba este departamento sin que nadie más lo supiera, preferiría sentir ese miedo que sentía años después con ese u otr ruido, y no tener tantas certezas horrendas en mi corazón.





Necesitaba un método, un plan de acción y de logística que me facilite las cosas. Tal vez necesité ese tipo de metodología siempre, sólo que aplicándola sólo desde hace tres ciclos me va mejor. Prendí mi lámpara y apunté todos aquellos elementos esenciales que no dejarán espacio a dudas sobre mi conducta en los próximos días:





a) J no es mala ni buena, no "te quiere" pero tampoco no "no te quiere", ella también tiene cosas que hacer y bueno, ni ella ni tú tienen la culpa de tener un mundo a cuestas.



b) El cerebro, aunque no lo parezca, tiene un tope de volumen. Si se llena de diversas cosas, posiblemente n quede espacio libre para otras, como para maquinaciones respecto a las manifestaciones de J.



c) Por lo tanto, es ideal comenzar a pensar en otras cosas, dirigir la sinapsis hacia objetivos inmediatos o mediatos que mucho no tengan que ver con los sentimientos, sino con cosas más concretas o simples.



d) Un buen comienzo es tener un buena jornada de estudios cada viernes después del trabajo. Quemarse las pestañas leyendo lo de los cursos de la facultad unas cuatro o cinco horas diarias. Por este lado, en el 90% de ocasiones, la lógica del causa-efecto se cumple y el que estudia triunfa, aunque sea con un empate.



e) Junto con tus aspiraciones abogadiles, lo único real que tienes por ahora es tu trabajo. Será una gran cagada y realmente no te lleva a nada más que cobrar tus morlacos más tarde que otros, pero te da parte del sustento y una situación social que otros (ilusos, jajajaja) al menos envidian; en suma, es un mal necesario que llena 7 de las 17 horas de actividad que tienes. Por eso, darle otra gran parcela cerebral (mayor de la que ya tiene) no sería para nada una mal idea.



f) Este es otro punto que siempre tiendes a pasar por alto: Así como ya tienes trabajo y estudio, a tu lado también hay gente que supuestamente te quiere, familia, amigos, incluso parientes y vecinos. Es uno de los grandes errores de una persona no correspondida eso de descuidar sus otras relaciones, hasta terminar perdiendo soga y cabra.



g) Cuando te paguen, procura utilizar ese dinero en tí mismo.



h) La alegría también viene en cositas de nada, nunca olvides que "de poquito en poquito se llena el saquito". Justo de esas pequeñeces puedes sacar grandes cosas, de la satisfacción que te puede dar leer Dedo Medio, o de la risa que produce la portada de Chesu... sin contar el relajo de aquella curiosamente linda quinta del Jr. Apurimac, detrás del Alzamora Valdez.


i) Hay otro distractor que durante toda mi vida he subestimado: La práctica deportiva. Si lo logro, un par de vueltas a la manzana, un set con algún amigo (aunque mi raqueta ya esté bien desfazada, y yo, pues no sé), una quinelita al aro con quien tenga ganas de jugar; si hay alguna forma de extirpar o, al menos, desalojar momentáneamente ciertos sentimientos o ciertas personas es transpirándolas. Es lo que intento últimamente, a altas horas de la noche.


k) Para efectos de estas intenciones, omitimos claramente una letra en esta lista.


l) Con la misma intención, están prohibidas hasta nuevo aviso las siguientes acciones:

1) Escuchar el Disco Nuovi Eroi de Eros Ramazzotti;
2) Escuchar cualquier vals criollo;
3) La lectura del Las desventuras del huevón de Werther de Goethe, El amor en los tiempos de Colera o cualquier obra impresa que me haga recordar la soledad, el desamor y cualquiera de sus cojudos síntomas;
4) Revisar el jai faif de J, así como releer ciertos correos suyos desde el 7-May;
5) Pasar cerca de la ubicación de su teléfono en mi directorio y;
6) Evitar mirar demasiado a cualquier mujer que use lentes de marco de carey.


m) Para reavivar, sea como sea, el buen humor, tomaremos cualquier medida, que puede incluir la lectura de revistas como Chesu o Hustler, gastar 3 mangos en agua mineral con gas y una cantidad ilimitada en alfajores. Todo para evitar que las endorfinas se incrementen considerablemente...






Trainspotting es una de mis películas favoritas, ¿sabían que el autor del libro (Irvine Welsh) sale en ese fragmento? Es el personaje de Mike Forrester, el que le da los supositorios al personaje de Ewan McGregor. Presten atención a la intentona de rehabilitación de Mark Renton.


¿Tendré fuerza de voluntad? ¿O será que a mitad de la jornada habré de romper mi refugio?


Censo, Pilsen, tercero en mi vida, segundo que recuerde...


El 11-Jul-1993 no fue un domingo cualquiera para mí, aún víctima del desequilibrio temporal impuesto por el gobierno de Belaunde en su último verano o por las continuas amenazas de sitio nacional; ni siquiera fue un domingo negro como el 5-Abr-1992.




Ese día recuerdo que desayunamos más temprano, no fue necesario que mi madre me dijera que vaya a dormir porque todavía eran las 8:00 de la mañana o porque ni siquiera el juego estaba listo (condenado jugo de naranja mañanero, me alimenta, me gusta, pero también me produce acidez, extraño amor...). Simplemente me mandó a la ducha, puesto que ese día sólo tendría un epicentro: La llegada del censor.



Sólo hacia unos días me había enterado de aquello y de la forma menos mediática posible: Había visto un cartel publicitario rojo y blanco que anunciaba dicho evento en el Estadio Nacional, del que pensé pasaría desapercibido como el de 1992 hasta que mi tío y mi padre me aclararon que muchas cosas que originalmente pertenecían a esa coordenada (Perú, 1992; considerando que también había visto el panel de los Censos 1992) habían pasado a la ordenada 1993 por la disolución del Congreso y la elección del CCD.



El invitado de honor abría la boca, sin dar lugar a algún atisbo de gracia o familiaridad, un censor tan profesional y tan de época fujimorista: Friamente cumplidor. Es lo poco que recuerdo de lo poco (pero para nada malo) que se podía sobre aquella y previsible entrevista a esa familia de tres personas de clase media, empleos estables, un automóvil, una vivienda individual desde Ene-1991 en un tradicional distrito de una (ya tambaleante entonces) clase media de limeños y provincianos, sin mayores carencias o necesidades fuera de ir al Bosque aquel domingo como los otros y no poder por una cuestión de logística.


Era cosa de él resaltar que en ese mundo que aún considerábamos mesocrático, existían también departamentos de una sola habitación o de una y media (esta última, un anexo de una amplia cocina), con acabados sanitarios nuevos y más precarios que nuestros clásicos de 1938 (año de construcción de este domo antisísmico). De igual forma, la quincha y el adobe tenía aún su espacio a pesar de los años de predominio del material noble en aquel cuadrante de Jesús María.

Ahora que veo nuevamente ese sticker que permanece 14 años a esa puerta, lo primero que recuerdo es las ganas que tenía de tomarme una chela, mala costumbre que adopté desde pequeño y... ¡CON EL LOTE 1991 DE PILSEN! ¿Cómo así había tenido ganas de cumplir ese ritual tan peruano como dominguero justo ese día de restricciones? Pues a punta de insistencia de la Compañía Nacional de Cerveza, que aprovechó los vacíos de programación de aquel día para poner en TOOOOOOOOOOOOOOOOOOODOS los canales (incluyendo el agonizante RBC y Global Televisión) cada tres horas, un documental de 45 minutos sobre su presencia en el mercado desde 1863. Nunca supe porque lo hacía, tal vez por fuerza de insistencia, que meses más tarde se reforzaría con comerciales veraniegos en Agosto o con el Clásico de las Cervezas (algo así como el reto Pepsi, sólo que con Pilsen y Cristal, competidoras, siendo la botella de esta última servida sin helar, para que no guste tanto al individuo que probaba), o porque me recordó gratamente mis primeros aunque terribles sorbos (lo concluí después, al ir afinando mi gusto cervecero).






Foto de la distribuidora central de la Compañía Nacional de Cerveza, en la Av. Saenz Peña, tomada en 1989. Extraída de Mi Callao


¿Lote 1991? Para los que no recuerden o no sean peruanos, en Dic-1990 dicha cervecería lanzó una producción con un sabor extraño que saboteó gravemente su preferencia en el público hasta casi desaparecerla del mercado o, peor aún, vender sus activos a la cervecería Backus y Johnston, que aún existía y a la cual sólo le bastó esa breve mermeladita. Sí, la leyenda urbana relató que en un descuido de mantenimiento se removió de los reservorios los hongos que posibilitaban ese grado de fermentación, que la competencia mandó a remezclar la bebida, entre otras cosas. Ahora ambas son de algo llamado Backus, por no llamarlo Bavaria...


Han pasado catorce años. Ahora muchas cosas han aumentado, cambiado o simplemente evolucionaron. El censo del 2005 no se hizo notar y, tal vez a modo de revancha por aquella forzada introversión, se nos obligó a todos los peruanos a estar en casa todo el día. Ya no tengo como ir al Bosque, tampoco tengo ganas de tomar una combi en la Av. Grau, sólo sé que esta vez no tendré que ir a dormir de nuevo, pues mi casa es la vivienda de inicio, y seré yo el que reciba y comience con las entrevistas. ¿Por qué? No sé, lo mejor de todo será que tendré el resto del día para seguir avanzando con lo mío. Aún no cuento como "jefe de familia", pregunta para inútil y obsoleta, ¿cierto?, y cuando debiese tocarme espero que no exista.

sábado, 13 de octubre de 2007

Sequedad: Seco ¿y...?



Salar de Uyuni, Bolivia. Otra vista del mismo lugar del post anterior, el cual hace millones de años solía ser un sólo cuerpo de agua con el lago Poopo, Uru uru y el Titicaca, que a la llegada de los españoles con el descubrimiento de los yacimientos de Potosí era un lago medianamente profundo y solitario, y hoy es simplemente un lugar turístico. El reflejo de la foto no se debe al agua, sino al reflejo de la luz solar en los cristales de sal del suelo.




El origen de todo esto se situa en la primera señal de sequedad.




Si hay un ser viviente sobre la tierra que tiene bien grabado en su inconsciente que nada es eterno es el ser humano, aquel sentimiento que hace ver todo, más allá de su verdadero valor, como precario, que nunca será totalmente suyo ni durará para toda la vida aún cuando el presente que vaya pasando valga un siempre. Y algo así funciona con muchos de nosotros: Las formas de pensar, de sentir, de relacionarse, y hasta de manifestar el ser a cada paso serán distintas porque una parte de nosotros muere o, sonando menos trágico, se acaba, dependiendo de la situación y de la existencia que escasea.





Y en esta semana extenuante me he preguntado sobre ello, en mis pocos momentos de pacífica y relajada lucidez, ahora que así lo siento. ¿En algún momento me acabaré yo? ¿En verdad, puedo secarme y desaparecer, convirtiéndome en ese salar de la foto? No me refería precisamente a morir. Esa pregunta, en una versión de milésima de segundos, me la hacía interiormente, mientras fundía mi cuerpo con el de una mujer que me pedía derretirme hasta el punto de perder cualquier tipo de estado (sólido, líquido, gaseoso o coloidal) junto con el suyo, incesate y necesario, yo podía acabar casi al ritmo de ella y su esfuerzo al desgarrar mi piel... ¿hasta desaparecerme? Pude llegar a un punto insospechado, pero no lo hice, permaneciendo los dos en esa placentera certeza, tal vez conformista y cómoda en su ignorancia.





Alguna vez pensé en la paradoja de lo imposible de Kant como introducción y fallida explicación de uno de mis peores post (he vuelto a leerlo y estoy seguro de ello), en la que el hombre fija sus límites racionalmente, un poco antes del lindero de sus conocimientos. Este límite no es de aplicarse en estos casos de fobia o temor inconsciente, y simplemente nunca he querido dar más por una sola razón: TENGO MIEDO A SECARME. No solamente en el sexo (lo cual sería la excusa perfecta para la cantidad de precoces que existen), el cual tiene entre sus factores mágicos la incertidumbre salvaje que consiste en el desconocimiento de todo límite, sino también en otras manifestaciones de la divinidad humana residente en la oscuridad, los cuales sí pueden derivar en insatisfacción.






La mayoría de textos que escribo (salvo los de trabajo, claro está) son inconclusos. Nunca pongó el clinch perfecto o he intentado el relato impoluto porque muchas veces temo que sea el último, así como estos días temí que el post del domingo pasado haya sido el final y que la mielina que facilita mi sinapsis se me haya acabado; no he dicho nunca todo lo que he sentido por todas las personas por las que he sentido, pues al exprimirlo todo quedaría plenamente indefenso y posiblemente sin más. Es una idea recurrente en mí, y creo que en muchos, eso de "no poder enamorarme así nuevamente" y tal vez no querer hacerlo, la razón es sencilla: También he pensado que en algún momento la dotación de amor que uno tiene para repartir se puede acabar definitivamente, y a tal cantidad de pasos en falsos y borbotones desperdiciados, unos sin darse cuenta y otros como yo habrán quedado secos y... ¿cómo saber si es renovable? Nadie nunca aclaró si las ideas son o no eternas, posiblemente porque ese círculo de pensadores tenía miedo de destruir su idealismo perfecto.





Lo he dicho así: Tengo miedo de caer tanto como aquella vez, pues puede ser la última, aunque suene prematuro pensar en ello a mis veintipico años, pues son mis últimas fichas y si pierdo, puede que tenga que retirarme de las apuestas. Temo poner toda la energía posible porque tengo la sensación de perder toda fuente de manera definitiva. Eso nos pasa a todos y, paradójicamente, esta sensación incierta ataca más a los seres más racionales.




Aún así, todavía creo que tengo una reserva cuya utilidad, con el tiempo, desconozco aún más. El excedente de la experiencia, ¿contará como carga sobre mis hombros o como algo útil? Suele ser de ambos, para bien o mal, aquel reflejo del mundo que siempre representa uno siendo lago y que es lo único que le queda en su etapa salar, como Uyuni y su doble cielo en el espejo de agua falso, cuando llegue a secarme, si es verdad aquel temor mío, nuestro...

jueves, 11 de octubre de 2007

Sequedad (Introducción)




Isla del Pescado, Salar de Uyuni - Bolivia




Oficialmente, estoy en estado improductivo. Totalmente depreciado, sin que haya acabado la semana. No sólo cansado, también aburrido y sin ideas, tanto así que sólo puse mi nombre como nick en el MSN, cosa que jamás suelo hacer (tiene espacio para tantos carácteres, para una frase hermosa y porque suelo poner lo que soy, que es lo que hago y siento, no sólo mi nombre).








Cuando no hay ideas, tampoco hay espacio para la mentira. No puedo rellenar espacio con actualidad, farándula, baladíes (algunas secciones de ciertos periódicos deberían tener ese título: Baladíes, sección H de El Comercio) pues nunca me gustó convertir esto en una rotativa.








Sin embargo, el miedo inconfeso de todo hombre está rondando mi mente: ¿Me estoy secando? ¿Demasiado trabajo y universidad? Dicen que el Derecho afecta un poco las neuronas, pero es sólo un direte, generalmente proveniente de chicos "locos y extraños" (osea, cualquier huevas que use unas Converse o vea Nadie nos escucha), adeptos a hacer pastruladas (algo así como copiar la cultura vintage holandesa. Esa no es la causa, definitivamente.








Puede que me esté secando en muchos sentidos. El miedo inconfesable a quedar secos después del último sismo de placer de ella, que nos inhibe a dar más cuando se pide; inconscientemente, creemos que no existe la eternidad, ¿será verdad?








Yo he sentido la cercanía de la sequedad miles de veces, la conversión irreversible en salar con la puesta de sol. Esta es una de ellas.

domingo, 7 de octubre de 2007

Visiones, espejismos y... regreso a la miopía...

(Para entender esta historia y cierta parte de mi vida, tienen que leer su precuela: Visiones, espejismos y... y sabrán porque este texto narra una contrarremontada)





La combinación del vino, cerveza, salivas y cansancio hizo que ambos cayésemos exhaustos entre las sábanas, en la primera posición que encontraramos en el colchón, ya sin pensar en aromas o más abrigo del que ya había por las cubiertas y por lo térmico de nuestros movimientos anteriores a nuestro "deceso". Podría pensar que esa cama parecía un islote rodeado de restos de un naufragio aún flotando, sin saber que los mayores tesoros eran los más pequeños e imperceptibles.




Lo que me despertó fue la mano de K moviendo la mía de su cintura, sorprendido. Abrí los ojos en medio segundo y percibí el techo como una masa esponjosa, una nata de leche o mi peor temor: Una de esas habitaciones de casas de reposo, con las paredes llenas de esponja, gracias a la ineficiencia del Prozac y del Paxil, mientras que todo lo anterior, el cumpleaños, el vino, el parque y aquella noche de generosa sicalipsis sólo había sido un buen sueño, con tan realistas efectos especiales que hasta había estallado en mis venas.





Me levanté y confirmé que no era así, aunque no podía divisar bien el televisor, ni el cuerpo de K ni su despeinado diciendo pesadamente que se le había hecho muy tarde y que en su casa la iban a matar. Pensé en la posibilidad de la mala combinación de tragos aunque recordaba muy bien todo lo de la noche anterior y no sufría de ningún dolor, así que sólo me quedó descartar, desorientado, y mover la mano entre los cigarros, el cenicero, los celulares y... nada. Veía borroso, muy borroso, y no me quedaba otra sino quedarme quieto para responderme lo más rápido posible todas las preguntas que me acosaban.




- Oye, ¿estás resaqueado, no? - me dijo K, mientras terminaba de abotonarse y ponerse presentable para su casa, mientras mi cuerpo en 90 grados estaba inmóvil -. Perdóname que te deje, pero mis papas deben estar echando humo...

- K, no veo nada...

- Hemos tomado demasiado - me dijo, mientras tomaba mi rostro y me besaba la frente (!!!!)-, gracias por todo, ya nos veremos el lunes...

- K, en serio, no veo, ayúdame. No puedo hacer nada así...

- No te preocupes, no te levantes, yo puedo tomar el carro, ya es de día. - Por favor, ayúdame a buscar mis lentes de contacto...




Sonó su celular, era su mamá, a quien K respondió que se había encontrado con una chica de la universidad y que se había quedado a dormir con ella porque se habían pasado un poco de copas, mientras yo tanteaba en el suelo y su mamá le daba diez minutos para regresar. K decidió ayudarme, revolviendo el cuarto, las cosas, repasando el suelo con las manos en busca de algo, a medida que se le agotaba su tiempo y mi paciencia, obligándome a gatear y asomarme bajo mi cama. Volvió a sonar su celular y yo no encontraba ninguno de los dos.




- Tengo que irme, en serio, mil disculpas. Por favor, ten mucho cuidado si no puedes ver bien, no salgas...




Me besó de nuevo en la frente (!!!!!!!!!), me dio las gracias (doble dolor) y se fue, mientras yo tenía la esperanza de que nadie pudiese abrirle la puerta al menos para que tocara mi intercomunicador o pudiese reflexionar y volver. Tres, cuatro, cinco minutos, otros cinco y ya sabía que tenía que seguir buscando mis lentes, hasta que me di por vencido. Me vi forzado a gatear, a arrastrarme y revolver el polvo de aquel piso con mis brazos, utilizar un encendedor para buscar en la oscuridad, inhalando el moho y los ácaros de cuya existencia recién tomaba conciencia ahora, así como de las malditas sobredimensiones de esa habitación, un espacio demasiado grande para una persona enceguecida al caer la venda de sus ojos.



Recién en en ese momento pensé en algo más: Necesitaba que alguien me ayude, a lo que sea. Alguien que remueva hasta los cimientos conmigo, o que al menos me lleve a cualquier lugar fuera de ese encierro. Una palabra para pensar que esto no era una tragedia y que cuatro ojos ven mejor que dos.



Ese día tenía, como sea, que volver a mi casa de siempre a preparar unas cosas que tenía que llevar a mi base y, como casi todo el dinero que me sobraba de esa semana me lo había gastado ya, a pedir un préstamo familiar de emergencia. De todos modos, necesitaba ahora para comprarme unos lentes de verdad; ya me había dado cuenta que en dos semanas los lentes de contacto no me habían detenido para nada el incremento de la miopía y lo fácil que podían extraviarse, salvo que me ayudasen a encontrarlos en mi nuevo refugio, invitándolos a invadir (nuevamente) una privacidad infranqueable que me había costado bastante ganar.





Así como la parafernalia infantil de las guarderias en luz solar se convierte en mazmorra del terror en las noches, Lima se había convertido en un coro de ángeles luminosos y funestos, con sus villancicos, sus luces aún prendidas, guirnaldas que me parecían serpientes, árboles de un infierno que ya había llegado: Crepitaciones no sólo de ese año, sino de aquel cuerpo que había viajado a miles de sueños-luz, tal velocidad que al llegar a la atmósfera, comenzó a desintegrarse rápida e inevitablemente. Tuve que cruzar mezclado con comerciantes, estudiantes sabatinos (supuse que eran eso) y trabajadores hacia la otra acera de la Av. Tacna, apoyado en ellos mientras podía, sintiendo la proximidad de algún auto por el impacto de aire en mis costados, sin la posibilidad de responder adecuadamente a los improerios de algunos choferes cuando me perdí de ese grupo. Tomé la combi a gritos, sin saber que línea era, preguntando si iba a la Av. Brasil y que por favor me avisara en la cuadra donde debía bajar, en la que simplemente me guié por las masas que avanzaban y dejaban avanzar, por las moles que se me hacían más o menos conocidas, pero difusas en mi mente aún estremecida.





No había nadie en mi casa. Era el momento propicio para entrar a mi cuarto de siempre sin cerrar, aquel de noches con días y tardes incluídas, y recostarme, cerrar los ojos y no ver ese látido rojo con el que mi cuarto parecía devorarme. O entregarme a un enfrentamiento provocado por un mareo me impedía dormir, sólo me dejaba espacio para una culpa que no tenía que ver con el alcohol y las combinaciones, y para pensar que el hecho de tratar de cambiar mi vida de esa forma y de olvidar todo lo que sentía en una sola pasada.





¿Por qué quería esto? Sólo había sido una distorsión, un buen momento que nunca estaría entre mis buenos recuerdos porque finalmente sólo fue una acrobacia de las circunstancias. No me servía para nada pasar noches así, si al día siguiente me vería forzado a buscar a tientas, a gritos y tropezones el camino de vuelta; LMS no hubiera dejado en ese estado, mejor dicho, no lo hubiese ni forzado y si no, tal vez su presencia hubiera servido para no profundizar más esa pequeña crisis, permanecer en casa a comer algo y convertirlo en un accidente casero sin mayor significación que la que puede tener una anécdota de pareja. Un momento así no podía ganarlo en ninguna noche, tal clarividencia sólo podía darse con la luz del sol y de un idilio sólido, una mano en la mía y otra en mi hombro va más allá de los sólo placeres de una noche con aquella y que en días como ese no estaba...





Mientras barajaba esa posibilidad entre mis manos ausentes de otras, no evité las lágrimas, ni el sollozo contra mi almohada, sintiendo que estaba apartado hasta de mi propio sueño, en un lugar sin salidas visibles y vueltas inevitables llamado soledad. La sentía tan propietaria de mí, que había vuelto a pensar en ella, la culpable de esa soledad, madre del resto de circunstancias que acabarían en situaciones así, una con otra...









PD1: Obviamente, me compré otros lentes esa misma tarde. La tristeza de esa mañana se compensó con aquella montura que había escogido. Para mis padres, por siempre, habrá sido un accidente de pichanga.



PD2: Después de eso, procuré evitar a K lo más posible. Hasta que un día me devolvió uno de los lentes, que se había metido en uno de los zapatos, beto a saber cómo...


PD3: El bajón no pudo ser peor, la primera mitad del 2004 me recibía con 92 kgs. y en nuevo estado decadente.

Visiones, espejismos y... (3-1)

Alguna vez use lentes de contacto, por muy poco tiempo.


Eso comentaba con
C. Giuliana por MSN recordando mi historial de miopía 3.9 y a la vez, este momento selecto de abandono del fuerte, del que obliga a una penosa remoción de escombros vivenciales sin garantía de encontrar respuestas.




Para Diciembre del 2003, ya había cometido demasiados errores. LMS nunca volvería por más que me desangrara, y así como pude malograr todo (como pensaba entonces), también podía recomponerme; mis lágrimas habían convertido esa tundra en una posible tierra negra si es que tuviese yo las ganas de ararla y sembrar. Por eso, más de un año y medio después de aquello opté por un cambio de apariencia radical (muy tarde), que implicaba dejar de usar lentes de marco (junto con adelgazar, sería el otro cambio sustancial, cambio casi de personalidad) por unos lentes de contacto que inclusive "llegan a evitar que la miopía siga desarrollándose" sin contar que modificarían mucho mi apariencia mítica de pelinerd-litemarciano-complicado***. Además, había comenzado a vivir solo en el centro y hacía dos meses que trabajaba en una conocida aseguradora, con la intención de tener mi vida llena y con estipendio, incluso los viernes y sábados por la noche.





Con esta nueva formación para enfrentar al mundo, las cosas comenzaron a mejorar algo, como que un buen sueldo y un ciclo invicto de universidad siempre le mejora la cara a cualquiera, sin contar de que podía llenar mi mente de satisfacción por 20 horas al día. Sin embargo, aquellas otras 4, que antes habían sido 12 y mucho antes 22, horas de sueños, erotismo, de medias horas y medias naranjas, aún estaban desocupadas y parecía que estarían así indefinidamente hasta el día del cumpleaños de uno de los gerentes, un día después de aquella Navidad.





Entre bebidas suaves y conversaciones con quien sea, no dude en acercarme a una chica de la sección de contabilidad en cuya existencia había reparado hacía algunos días, y para comenzar, elegí no abrir nunca mi saco (aún no había perdido mucho peso) y conversar con ella del primer baladí común: El hecho de que el agasajado haya respondido una pregunta indiscreta sin que se le haya formulado una pregunta en ese sentido (su edad). Seguimos comentando y tratando de pronosticar cuanto más soltaría si tomaba unos cuantos vasos más, hasta que pasamos a cosas menos organizacionales: K estaba casi el mismo tiempo que yo en la empresa, era practicante de Contabilidad y tenía 22 años. Por supuesto, sólo mencioné la verdad conveniente, jamás mi verdadera edad que continuaría detrás del saco cerrado, por más calor que hiciera. El ágape ya estaba durando más de lo esperado y cuando terminó, quedamos en ir a tomar algo más por ahí.





Parecía que este nuevo inicio estaba rindiendo frutos rápidamente y que así podría ser en adelante, replantear toda mi existencia, desde mi apariencia hasta mi economía, sólo yo y aquel hermoso depa que dejaría de ser mío en cuanto encontrase algún interesado en vivir entre la Av. Tacna y la Av. La Colmena. Y seguía pensando en eso, en aquel pub lleno de trabajadores como nosotros, cortejando y aceptando, o cortejando o rechazando, o simplemente confirmando que lo suyo era la amistad. K me contaba que sentía mucho alivio por haber terminado su ciclo antes de Diciembre y pasar ese veraniego mes sin más preocupación que la chamba y, menos, un viernes como ese; que tenía ganas de ir a bailar a algún sitio, pero que como aún no pagaban no tenía como costear una salida completa de fin de semana, aparte de estar en ropa de trabajo, mientras yo asentía con la cabeza y sonreía.




No podía bendecir más la suerte de tener en frente una chica así de conversadora aunque comenzara a pensar en ciertos chistes o en mi amigo Perico recibiendo una patada de un preceptor por haber hecho refresco con agua salobre de San Bartolo para reirme algo; aún así, la utilización de esos recursos no me preocupaba, no me preocupaba el hecho de tener que pensar en algo más para llenar mi cisterna emocional. Cuando pensé que ya era suficiente de ese suplemento mental y ella que ya era algo tarde, salimos de aquel bar y nos dirigimos al parque de Las Begonias, lugar ideal para respirar un poco, decidir el resto de la noche y, a pesar de todo, probar los resultados de esta metamorfosis parcial que siguió siendo parcial en el taxi rumbo al centro, a mi humilde morada a la que había que entrar corriendo, riendo, como escapando después de una travesura.





Mientras se sorprendía por la enormidad del vacío del departamento y el calor que se sentía en ese piso 12, yo pensaba en silencio que ya se comenzaría a llenar, que nuevos retratos adornarían las paredes, nuevas historias cubrirían los dos muebles que tenía ahí y más de una persona pisaría el cálido parquet de la habitación que ya pisábamos sin zapatos, sin sacos, mientras haciamos honores del four pack que habíamos comprado en un grifo del camino. La música estaba en mi cuarto, así como el resto de cosas interesantes, fuera de mis libros, el ya tórrido suelo... y mi cama.



Continuará...



(Bonito, ¿no? Esperaba que siga así en la segunda parte, por mi propio bien).




***Pelinerd-litemarciano-complicado: Persona que dedica mucho de su cerebro a pensar, mucho de su tiempo a leer, escribir, ver pelas y escuchar música y mucho de su vida a hacérsela de cuadritos llenos de ecuaciones en su laberinto mental, confirmando así que la inteligencia masculina, por derivar en la complicación, resulta algo espantosa.

sábado, 6 de octubre de 2007

Respuestas a Dementina

Sobre la tía Hildebrandt: Sí, un poco tremula esa foto, parece una de las viejas diosas gordas del viento del norte. Son cosas feas que aún están vigentes por aquí, lástima que el academicismo de la tía sea lo suficiente para un público votante muy impresionable como en de nuestro lindo y querido Perucito. De todos modos, no me creo que una mujer que sepa tanto sólo de un tema y no de lo que la rodea no pasa de erudita, para nada será una mujer culta, como dice Ribeyro en sus Prosas Apátridas (no recuerdo que número es, creo que la 14).

Limón: Tiene una razón especial su sobrenombre, mejor dicho, lo tenía, ahora creo que ya no. Una mujer queda borrosa en la memoria de un hombre cuando otra entre en su vida, pero desaparece totalmente cuando esta última comienza a provocar algo de sufrimiento. El sentido de ese nick era que el limón es el ingrediente ideal para sacar lo mejor de los sabores de cualquier ingrediente y creo que también de las personas. Felizmente, ya este soobre nombre perderá vigencia y podrá ser endilgado a otra persona.

Gracias por volver a este blog. Déjame pasear por el tuyo de regreso, practicamente soy una maquina de congelados por estos días.

martes, 2 de octubre de 2007

Trilogía Vengadora: Tercer texto (Parte II)

(Continuación del post anterior)





- MMMMM - balbuceó E, dejándome algo de fé aún-, ¿espérame un ratito, sí?

- Está bien...





Se fue hacia otro lado, donde divisé una cabeza medio aria conocida: Johnstone, el típico escandinavo agraciado de todo salón. Era de esos tipos que venían con ese don irracional pero efectivo al fin de tener el cabello rubio y ojos verdes en un país como el nuestro, con el plus de siempre caer bien en cualquier grupo y ser todas las estupideces (en diverso grado) que haga, bienvenidas. Esa antítesis mía estaba conversando con E, mejor dicho ella con él, y él le ponía toda la atención que a una chica como ella le podía proporcionar: La suficiente para no parecer botado.





Decidí ir por una cerveza más, cuando me encontré con Andrés y Luis Manuel, que me comentaban lo que puede comentar cualquier persona que da vueltas alrededor de la gente que baila en una fiesta: Que conoció a una chica, que bailó con ella y...





-Nada, me encontré con unos amigos, nada más - dije, como si nada-.





Mientras tomábamos de nuestros vasos, dos personas me pasaron la voz. Dos amigas de muy buen ver especialmente ese día que decidieron que lo primero que harían sería saludarme por mi cumpleaños; abrazo respectivo y luego otra conversación a gritos como correspondía en el ambiente. Las presenté con mis amigos, mientras seguíamos hablando y yo estirando el cuello hacia donde estaba E, que al parecer ya estaba pensando en cambiar de ubicación; decidí esperar hasta estar seguro, unos minutos que tenía que esperar a medida que los cinco que estábamos ahí ya estábamos completamente compenetrados. Sí, era momento de dejarlos.





Me dirigí hacia E, nuevamente sola, y era una cuestión de segundos, no hablar mucho más de lo necesario era la consigna.





- Oye, te perdiste...

- Es que estaba hablando con los otros, están por allá, ¿no quieres saludarlos? - dijo, sabiendo que con muchos de mis compañeros tenía ciertas reticencias por diversas razones -.

- Puede que sí, entonces...

- Espera, voy por un trago...





Nuevamente, me dejó fabricando más viento sin dirección. Me quedé parado en mi lugar unos instantes, los suficientes como para que cualquier testigo de esa escena la olvide y tomara mi imagen como lo más normal del mundo, y unos segundo más para forzar ese efecto en mí mismo.





Ya había tomado varios vasos de cerveza, lo que me desensibilizó un poco el rostro, impidiéndome sentir el bochorno que de hecho se hacía muy visible, pero que recién comenzaba a descubrir. Aún así, esperé un rato más, caminé un poco, saludando gente, dispersándome, despejando un poco el asunto y tratando de remover mi objetivo de esta noche, que nuevamente se topaba conmigo; nadie debería escapar.





- Tú también desapareciste - me dijo, sorprendiéndome por su repentino interés -.

- Sí, fui a saludar a unos amigos, y ¿y tú?

- También...

- ¿Bailamos?





Asintió y en efecto, lo hicimos. Felizmente, todos mis primeros pasos estaban bien dados y a partir de este momento, no habría como dar otro paso en falso, de no ser porque una amiga suya le pasó la voz y le dijo algo al oído, para lo cual E abandonó aquel puente que parecía nunca se iba a construir. Nuevamente, me vi forzado a disimular, y entre simulaciones volver a mis postura observadora, rondadora, y a pedir más trago.





En el camino me topé con mis amigos, solos, viendo como Toño pedía auxilio con la mirada porque una chica que no le gustaba le estaba haciendo el habla, ambos sentados en un rincón, mientras yo veía hacia otro lado, hacia E hablando con Johnstone y otro pata más, otro distinto. Pensé que la única forma de salvarnos, a mí y a Toño al menos era irnos sea la hora que fuere, aunque la idea de Andrés era animarlo.





Minutos después, a más de las 3:30 de esa madrugada, yo ya con 18 años volvía al mismo bar donde había comenzado, despotricando de la mala fortuna "de esta noche nomás" y recibiendo críticas por lo que había pasado con esas dos chicas.





- Compadre, no es mi culpa que no la sepas hacer o mantener. Salud...





Aunque no tenía un sueño que alojar, prefería ya retirarme a mi casa a dormir, al menos cuando se acabasen esas dos jarras que habíamos pedido y las mentas que estaba comiendo para no dormir con tan mal aliento. Luis Manuel ya estaba algo pasado y mis otros amigos algo cansados, tomamos el primer taxi que vimos, aunque nos haga regresar a la escena del crimen extrañamente colmado a esa hora por los asistentes a esa fiesta de cachimbos y todos los taxis, que se llenaban rápidamente. Mientras estábamos en silencio, nos dimos cuenta de que ya los taxis comenzaron a faltar, por lo que el nuestro pudo apurar la marcha, como último de una larga fila, viendo pasar muchas caras de preocupación, hasta que me tocó repara en una.




Afuera estaba E, a quien extrañamente acompañaba sólo una de sus amigas y ningún hombre, y cuando me vio cambió de expresión, dejando escuchar a través de nuestro parabrisa algo así como "RR está ahí, él nos podrá llevar" y a través de mi oído algo así como "Ahí está el baboso que se la pasó acosándome toda la noche, de hecho que me lleva gratis".




- Oye, ¿tienen espacio, no? ¿Nos pueden jalar sólo a las dos?




Este era uno de los últimos taxis que había, y en los segundos que demoré en bajar el vidrio, otros ya habían partido, mientras el nuestro comprendió mi duda. Este era nuestro último coche, dejábamos a Luis Manuel a dos cuadras de ahí y luego a Andrés, la noche podía ser nuestra. Sin embargo, si la noche ya no era nuestra, menos lo sería la madrugada y la mañana siguiente, nunca jamás lo sería; algo había en ese momento más fuerte que la ilusión de empezar algo nuevo y las ganas de tener mucho sexo después de bastante tiempo (bastante al tipo de cambio de hoy, que en realidad no estan diferente al tipo de aquellos días), algo tan fuerte que sólo una F podía traducirlo.




- FEA.




Eso le dije, como cualquier palabra, sin exclamar ni levantar la voz, resumiendo en una palabra algo más que apariencia física y/o comportamiento social. Tal vez no hubiera recordado tanto eso de no ser porque la menta que estaba mordiendo en ese momento salió volando de mi boca para posarse... en su escote... ni yo, ni mis amigos, ni el taxista. Cerré el parabrisas y el taxista arrancó, cómplice, el único que ni sonrió fue Toño, que no puso disimular su impotencia.




- Cojudo, ¿por qué mierda no la dejaste subir?

- Luis está cagado, hay que llevarlo a su jato...

- No jodas - dijo molesto -, su jato está acá nomás y aquí entramos sobrado...

- Pero, ¿para qué? Ya fue...

- Oe, la otra vez con esas amigas tuyas también te largaste, ahora simplemente quisiste hacerte el exquisito y por eso te jodes y nos jodes a nosotros...

- ¿QUÉ CARAJO QUERÍAS QUE HICIERA, HUEVONAZO? ¿QUÉ? ESA TÍA SE LA PASÓ CHOTEÁNDOME TODA LA NOCHE, JUSTO HOY, EN MI CUMPLEAÑOS, ¿TÚ CEREBRITO ARRECHO CREE AÚN QUE POR LLEVARLA CERCA DE SU CASA IRÍA A SER DISTINTO?

- Pero animal, ¡ya estaba picada!

- ¿Y yo, qué? ¿Crees que tendría que estar como un baboso sonriente toda la noche? Toda la noche diciendo que no, no, no, no... ¿Cómo puedo sentirme?

- Pero tío...

- Sólo con ganas de mandarla al demonio en cuanto pudiese, porque me jode, y porque no siempre tengo la oportunidad de botar con roche lo que me caga, así de simple...




Toño se quedó callado, Luis Manuel dijo que estaba bien desde su inconsciente posición, el taxista asintió desde el comienzo mientras reía, su larga experiencia de noches urbanas de sábado lo había instruido para estos casos y la vida le había dado miles de ocasiones así. Volví hacia mi civilización libre de muchas cosas, entre ellas de odio hacia todas las E o todos los Johnstones del mundo, la importencia, la ira contra mí mismo y mi predisposición al rechazo, todo ese infortunio que había elegido el peor momento para dispersarse y hacerme sentir peor, todas esas miasmas, como si un solo monosílabo hubiera bastado para sanarme.




Durante mucho tiempo estuve sin saber si esa noche hubiera sido capaz de mandar a la mierda a LMS, sólo sé que hasta ahí llegó alguna vez mi capacidad de decir NO y todas sus propiedades liberadoras.