domingo, 7 de octubre de 2007

Visiones, espejismos y... (3-1)

Alguna vez use lentes de contacto, por muy poco tiempo.


Eso comentaba con
C. Giuliana por MSN recordando mi historial de miopía 3.9 y a la vez, este momento selecto de abandono del fuerte, del que obliga a una penosa remoción de escombros vivenciales sin garantía de encontrar respuestas.




Para Diciembre del 2003, ya había cometido demasiados errores. LMS nunca volvería por más que me desangrara, y así como pude malograr todo (como pensaba entonces), también podía recomponerme; mis lágrimas habían convertido esa tundra en una posible tierra negra si es que tuviese yo las ganas de ararla y sembrar. Por eso, más de un año y medio después de aquello opté por un cambio de apariencia radical (muy tarde), que implicaba dejar de usar lentes de marco (junto con adelgazar, sería el otro cambio sustancial, cambio casi de personalidad) por unos lentes de contacto que inclusive "llegan a evitar que la miopía siga desarrollándose" sin contar que modificarían mucho mi apariencia mítica de pelinerd-litemarciano-complicado***. Además, había comenzado a vivir solo en el centro y hacía dos meses que trabajaba en una conocida aseguradora, con la intención de tener mi vida llena y con estipendio, incluso los viernes y sábados por la noche.





Con esta nueva formación para enfrentar al mundo, las cosas comenzaron a mejorar algo, como que un buen sueldo y un ciclo invicto de universidad siempre le mejora la cara a cualquiera, sin contar de que podía llenar mi mente de satisfacción por 20 horas al día. Sin embargo, aquellas otras 4, que antes habían sido 12 y mucho antes 22, horas de sueños, erotismo, de medias horas y medias naranjas, aún estaban desocupadas y parecía que estarían así indefinidamente hasta el día del cumpleaños de uno de los gerentes, un día después de aquella Navidad.





Entre bebidas suaves y conversaciones con quien sea, no dude en acercarme a una chica de la sección de contabilidad en cuya existencia había reparado hacía algunos días, y para comenzar, elegí no abrir nunca mi saco (aún no había perdido mucho peso) y conversar con ella del primer baladí común: El hecho de que el agasajado haya respondido una pregunta indiscreta sin que se le haya formulado una pregunta en ese sentido (su edad). Seguimos comentando y tratando de pronosticar cuanto más soltaría si tomaba unos cuantos vasos más, hasta que pasamos a cosas menos organizacionales: K estaba casi el mismo tiempo que yo en la empresa, era practicante de Contabilidad y tenía 22 años. Por supuesto, sólo mencioné la verdad conveniente, jamás mi verdadera edad que continuaría detrás del saco cerrado, por más calor que hiciera. El ágape ya estaba durando más de lo esperado y cuando terminó, quedamos en ir a tomar algo más por ahí.





Parecía que este nuevo inicio estaba rindiendo frutos rápidamente y que así podría ser en adelante, replantear toda mi existencia, desde mi apariencia hasta mi economía, sólo yo y aquel hermoso depa que dejaría de ser mío en cuanto encontrase algún interesado en vivir entre la Av. Tacna y la Av. La Colmena. Y seguía pensando en eso, en aquel pub lleno de trabajadores como nosotros, cortejando y aceptando, o cortejando o rechazando, o simplemente confirmando que lo suyo era la amistad. K me contaba que sentía mucho alivio por haber terminado su ciclo antes de Diciembre y pasar ese veraniego mes sin más preocupación que la chamba y, menos, un viernes como ese; que tenía ganas de ir a bailar a algún sitio, pero que como aún no pagaban no tenía como costear una salida completa de fin de semana, aparte de estar en ropa de trabajo, mientras yo asentía con la cabeza y sonreía.




No podía bendecir más la suerte de tener en frente una chica así de conversadora aunque comenzara a pensar en ciertos chistes o en mi amigo Perico recibiendo una patada de un preceptor por haber hecho refresco con agua salobre de San Bartolo para reirme algo; aún así, la utilización de esos recursos no me preocupaba, no me preocupaba el hecho de tener que pensar en algo más para llenar mi cisterna emocional. Cuando pensé que ya era suficiente de ese suplemento mental y ella que ya era algo tarde, salimos de aquel bar y nos dirigimos al parque de Las Begonias, lugar ideal para respirar un poco, decidir el resto de la noche y, a pesar de todo, probar los resultados de esta metamorfosis parcial que siguió siendo parcial en el taxi rumbo al centro, a mi humilde morada a la que había que entrar corriendo, riendo, como escapando después de una travesura.





Mientras se sorprendía por la enormidad del vacío del departamento y el calor que se sentía en ese piso 12, yo pensaba en silencio que ya se comenzaría a llenar, que nuevos retratos adornarían las paredes, nuevas historias cubrirían los dos muebles que tenía ahí y más de una persona pisaría el cálido parquet de la habitación que ya pisábamos sin zapatos, sin sacos, mientras haciamos honores del four pack que habíamos comprado en un grifo del camino. La música estaba en mi cuarto, así como el resto de cosas interesantes, fuera de mis libros, el ya tórrido suelo... y mi cama.



Continuará...



(Bonito, ¿no? Esperaba que siga así en la segunda parte, por mi propio bien).




***Pelinerd-litemarciano-complicado: Persona que dedica mucho de su cerebro a pensar, mucho de su tiempo a leer, escribir, ver pelas y escuchar música y mucho de su vida a hacérsela de cuadritos llenos de ecuaciones en su laberinto mental, confirmando así que la inteligencia masculina, por derivar en la complicación, resulta algo espantosa.

5 comentarios:

Catársis dijo...

Me enganchaste Raulín. Espero la segunda parte. Pase lo que pase, cuentas con mi cyber apoyo. Gracias por el comment, me hizo reir.

Ikita dijo...

como q para ser la primera vez q la escuchabas hablar... tu mente por poco y vuela a una vejez felizmente unidos.
La soledad nos vuelve ansiosos a una codependencia...

Raulín Raulón... dijo...

Cata: Ya llegará, extrañamente aún recuerdo lo que pasó después y ya no me desconcierta.

Guau! Dio risa, pensé que la gente se estaba hartando de mi fanatismo por The Wonder Years.

Ikita: Sí, llegué a volar hasta allá, a no sé cuantos años sueño. Debo confesar que ese día dicha ansiedad se acentuó, y cuando un cuerpo adquiere esa velocidad es más proclive a desintegrarse...

karmatik dijo...

a mi me cantaTHE WONDER YEARS es ke es ya un clasico, soy fanatika

thanks por visitarme raulin
:D

seguire visitandote

kisecillos

y

buenisimas vibras

EmPapeLada dijo...

"La soledad nos vuelve ansiosos a una codependencia..." Perfecta descripción a la EmPapeLada de hace algunos años.

Mira, ya está escrita la 2da parte de este post, pero como buena 'seguidora de indicaciones' que soy, aún no la he leido, pero hasta ahorita todo bonito, todo lindo, todo precioso, me muero por saber qué sucede luego... sé que soy la curiosidad hecha mujer! jajaja