martes, 2 de octubre de 2007

Trilogía Vengadora: Tercer texto (Parte II)

(Continuación del post anterior)





- MMMMM - balbuceó E, dejándome algo de fé aún-, ¿espérame un ratito, sí?

- Está bien...





Se fue hacia otro lado, donde divisé una cabeza medio aria conocida: Johnstone, el típico escandinavo agraciado de todo salón. Era de esos tipos que venían con ese don irracional pero efectivo al fin de tener el cabello rubio y ojos verdes en un país como el nuestro, con el plus de siempre caer bien en cualquier grupo y ser todas las estupideces (en diverso grado) que haga, bienvenidas. Esa antítesis mía estaba conversando con E, mejor dicho ella con él, y él le ponía toda la atención que a una chica como ella le podía proporcionar: La suficiente para no parecer botado.





Decidí ir por una cerveza más, cuando me encontré con Andrés y Luis Manuel, que me comentaban lo que puede comentar cualquier persona que da vueltas alrededor de la gente que baila en una fiesta: Que conoció a una chica, que bailó con ella y...





-Nada, me encontré con unos amigos, nada más - dije, como si nada-.





Mientras tomábamos de nuestros vasos, dos personas me pasaron la voz. Dos amigas de muy buen ver especialmente ese día que decidieron que lo primero que harían sería saludarme por mi cumpleaños; abrazo respectivo y luego otra conversación a gritos como correspondía en el ambiente. Las presenté con mis amigos, mientras seguíamos hablando y yo estirando el cuello hacia donde estaba E, que al parecer ya estaba pensando en cambiar de ubicación; decidí esperar hasta estar seguro, unos minutos que tenía que esperar a medida que los cinco que estábamos ahí ya estábamos completamente compenetrados. Sí, era momento de dejarlos.





Me dirigí hacia E, nuevamente sola, y era una cuestión de segundos, no hablar mucho más de lo necesario era la consigna.





- Oye, te perdiste...

- Es que estaba hablando con los otros, están por allá, ¿no quieres saludarlos? - dijo, sabiendo que con muchos de mis compañeros tenía ciertas reticencias por diversas razones -.

- Puede que sí, entonces...

- Espera, voy por un trago...





Nuevamente, me dejó fabricando más viento sin dirección. Me quedé parado en mi lugar unos instantes, los suficientes como para que cualquier testigo de esa escena la olvide y tomara mi imagen como lo más normal del mundo, y unos segundo más para forzar ese efecto en mí mismo.





Ya había tomado varios vasos de cerveza, lo que me desensibilizó un poco el rostro, impidiéndome sentir el bochorno que de hecho se hacía muy visible, pero que recién comenzaba a descubrir. Aún así, esperé un rato más, caminé un poco, saludando gente, dispersándome, despejando un poco el asunto y tratando de remover mi objetivo de esta noche, que nuevamente se topaba conmigo; nadie debería escapar.





- Tú también desapareciste - me dijo, sorprendiéndome por su repentino interés -.

- Sí, fui a saludar a unos amigos, y ¿y tú?

- También...

- ¿Bailamos?





Asintió y en efecto, lo hicimos. Felizmente, todos mis primeros pasos estaban bien dados y a partir de este momento, no habría como dar otro paso en falso, de no ser porque una amiga suya le pasó la voz y le dijo algo al oído, para lo cual E abandonó aquel puente que parecía nunca se iba a construir. Nuevamente, me vi forzado a disimular, y entre simulaciones volver a mis postura observadora, rondadora, y a pedir más trago.





En el camino me topé con mis amigos, solos, viendo como Toño pedía auxilio con la mirada porque una chica que no le gustaba le estaba haciendo el habla, ambos sentados en un rincón, mientras yo veía hacia otro lado, hacia E hablando con Johnstone y otro pata más, otro distinto. Pensé que la única forma de salvarnos, a mí y a Toño al menos era irnos sea la hora que fuere, aunque la idea de Andrés era animarlo.





Minutos después, a más de las 3:30 de esa madrugada, yo ya con 18 años volvía al mismo bar donde había comenzado, despotricando de la mala fortuna "de esta noche nomás" y recibiendo críticas por lo que había pasado con esas dos chicas.





- Compadre, no es mi culpa que no la sepas hacer o mantener. Salud...





Aunque no tenía un sueño que alojar, prefería ya retirarme a mi casa a dormir, al menos cuando se acabasen esas dos jarras que habíamos pedido y las mentas que estaba comiendo para no dormir con tan mal aliento. Luis Manuel ya estaba algo pasado y mis otros amigos algo cansados, tomamos el primer taxi que vimos, aunque nos haga regresar a la escena del crimen extrañamente colmado a esa hora por los asistentes a esa fiesta de cachimbos y todos los taxis, que se llenaban rápidamente. Mientras estábamos en silencio, nos dimos cuenta de que ya los taxis comenzaron a faltar, por lo que el nuestro pudo apurar la marcha, como último de una larga fila, viendo pasar muchas caras de preocupación, hasta que me tocó repara en una.




Afuera estaba E, a quien extrañamente acompañaba sólo una de sus amigas y ningún hombre, y cuando me vio cambió de expresión, dejando escuchar a través de nuestro parabrisa algo así como "RR está ahí, él nos podrá llevar" y a través de mi oído algo así como "Ahí está el baboso que se la pasó acosándome toda la noche, de hecho que me lleva gratis".




- Oye, ¿tienen espacio, no? ¿Nos pueden jalar sólo a las dos?




Este era uno de los últimos taxis que había, y en los segundos que demoré en bajar el vidrio, otros ya habían partido, mientras el nuestro comprendió mi duda. Este era nuestro último coche, dejábamos a Luis Manuel a dos cuadras de ahí y luego a Andrés, la noche podía ser nuestra. Sin embargo, si la noche ya no era nuestra, menos lo sería la madrugada y la mañana siguiente, nunca jamás lo sería; algo había en ese momento más fuerte que la ilusión de empezar algo nuevo y las ganas de tener mucho sexo después de bastante tiempo (bastante al tipo de cambio de hoy, que en realidad no estan diferente al tipo de aquellos días), algo tan fuerte que sólo una F podía traducirlo.




- FEA.




Eso le dije, como cualquier palabra, sin exclamar ni levantar la voz, resumiendo en una palabra algo más que apariencia física y/o comportamiento social. Tal vez no hubiera recordado tanto eso de no ser porque la menta que estaba mordiendo en ese momento salió volando de mi boca para posarse... en su escote... ni yo, ni mis amigos, ni el taxista. Cerré el parabrisas y el taxista arrancó, cómplice, el único que ni sonrió fue Toño, que no puso disimular su impotencia.




- Cojudo, ¿por qué mierda no la dejaste subir?

- Luis está cagado, hay que llevarlo a su jato...

- No jodas - dijo molesto -, su jato está acá nomás y aquí entramos sobrado...

- Pero, ¿para qué? Ya fue...

- Oe, la otra vez con esas amigas tuyas también te largaste, ahora simplemente quisiste hacerte el exquisito y por eso te jodes y nos jodes a nosotros...

- ¿QUÉ CARAJO QUERÍAS QUE HICIERA, HUEVONAZO? ¿QUÉ? ESA TÍA SE LA PASÓ CHOTEÁNDOME TODA LA NOCHE, JUSTO HOY, EN MI CUMPLEAÑOS, ¿TÚ CEREBRITO ARRECHO CREE AÚN QUE POR LLEVARLA CERCA DE SU CASA IRÍA A SER DISTINTO?

- Pero animal, ¡ya estaba picada!

- ¿Y yo, qué? ¿Crees que tendría que estar como un baboso sonriente toda la noche? Toda la noche diciendo que no, no, no, no... ¿Cómo puedo sentirme?

- Pero tío...

- Sólo con ganas de mandarla al demonio en cuanto pudiese, porque me jode, y porque no siempre tengo la oportunidad de botar con roche lo que me caga, así de simple...




Toño se quedó callado, Luis Manuel dijo que estaba bien desde su inconsciente posición, el taxista asintió desde el comienzo mientras reía, su larga experiencia de noches urbanas de sábado lo había instruido para estos casos y la vida le había dado miles de ocasiones así. Volví hacia mi civilización libre de muchas cosas, entre ellas de odio hacia todas las E o todos los Johnstones del mundo, la importencia, la ira contra mí mismo y mi predisposición al rechazo, todo ese infortunio que había elegido el peor momento para dispersarse y hacerme sentir peor, todas esas miasmas, como si un solo monosílabo hubiera bastado para sanarme.




Durante mucho tiempo estuve sin saber si esa noche hubiera sido capaz de mandar a la mierda a LMS, sólo sé que hasta ahí llegó alguna vez mi capacidad de decir NO y todas sus propiedades liberadoras.

2 comentarios:

EmPapeLada dijo...

Choteada tras choteada, y sobre choteada una, asómate a esa ventana, veras a la chica con... uy me salió meia monse esa 'versiòn alterna'. Francamente, esas cosas nos sirven, creo yo, para hacernos más fuertes (aunque suene muy trillado), en el momento quizás no lo apreciemos, pero después...mucho después (jajaja), llegamos a 'valorar' esas... experiencias.

Raulín Raulón... dijo...

Tienes razón, parece un cliché, y hasta cierto punto parece serlo, pero bueno, al menos en ese aspecto mi corazón es super agarrado incluso cuando necesita acción.

Mucho después, jajajaja, o las valoras o te sirven para burlarte.