martes, 25 de septiembre de 2007

Apuntes de una soledad masculina

Estuve alrededor de una semana rehabilitándome de diversas cosas. Este año 2007, a pesar de mi desastre laboral que (como todo desastre) tendrá fin, fue un año bastante llevadero hasta donde sé, hasta donde puedo resistirlo... hasta el viernes.





No sé, ahora que aún sigo algo afectado, como pierden valor algunas cosas que en su momento me parecen increíbles. Tal vez la devaluación no sea sólo cosa monetaria, sino también emocional, en realidad las relaciones si deprecian y mucho, lo he sentido muchas veces. En realidad, escribo lo anterior porque sobre mi cerebro aún está ese preservativo que me impide engendrar ideas, ahora que lo pienso bien confirmo que está de más, ya lo sabía desde hacia tiempo y me refiero a muchas relaciones amicales que tengo.


No digo que tenga malos amigos o gente prescindible. Hay momentos gratos de alegría, risas, conversación amena, de confraternidad, en fin, esos momentos que no sólo consisten en trago y música a todo volúmen, sino en esos momentos más íntimos como aquel pequeño after party de Ilan Chester (el tío del comercial ese de hace veinte años, el que canta Un querer como el tuyo) donde uno llega a sentir que no necesita nada más, que tener amistades así realmente le compra el mundo a uno. Pienso incluso que, como me pasa a veces y como sucede con Ilan, se convierte en el centro de atención y esto le quita toda la percepción acerca de lo que en realidad sucede o lo que se forma alrededor suyo, aunque esto no sea ni malo ni bueno, sintiéndose simplemente cómodo, sin problemas, sin tener que pensar o preocuparse por otras cosas.


Puedo disfrutar mucho de la vida y compartir lo que más me gusta, a veces ni siquiera compartirlo, sino disfrutarlo sin restricción alguna o sin pensar en otra persona. Años de soledad me trajeron muchas amistades, me abrió mucho la mente a cosas nuevas y sorprendentes que ya nunca podré dejar de lado, conocí a personas increíbles con quienes aún mantengo contacto y exploré muchos lados desconocidos de mí mismo que tampoco esconderé en la sombra. Por ejemplo, nunca hubiera podido ver Borat con una chica normal que me recordara que no le gustan las películas asquerosas con un "aaaaaagghhh" exhalado con una especial voz de anuncio de toalla higiénica ("Kotex te queda, punto"), tampoco hubiera podido probar o preparar tan buena y/o excéntrica comida con una mujer obsesionada con su peso. Mi exploración de la humanidad y del mundo fue muy amplia, jamás completa y jamás hubiera podido ser así en el otro supuesto; pero fue eso, sólo una excursión, un caminar que no tuvo que hacer frente a ciertos caminos escarpados y fangosos, más precisamente dos: Mis miedos y frustraciones.


Así como con el piano, puede que no escuchen las notas que en verdad pueda estar tocando, sólo lo bien que suena la canción y como nos gusta todo esto. Aún así, y parece no importarle a Ilan, nadie va más allá, nadie podrá entender esas notas: Ilan Chester no tiene ninguna toma con nadie, está solo en el carro, en su caminata por Caracas, en el piano mientras sólo lo ven, le sonríen, lo saludan y él los reconoce, pero los demás parece que sólo lo disfrutaran, en lo que más les gusta y en ese momento, a él también.


El mundo, lamentablemente, no siempre es tan agradable; tiene también cosas que, sin parecer demasiado importantes, pueden representar una empinadísima montaña, llena de rocas filudas que destruyen las vertebras a cada caída. Muchos de estos momentos a veces no interesan al resto, pues (admitámoslo) hay personas que sólo son compañeros de la versión campante de uno pero no para desazones o desaliento y creo que son la mayoría, pues no por gusto dicen que la gente se aleja de las personas tristes o desmotivadas. Otros de estos momentos pueden importar, pero aquellos que pueden saber de ellos jamás podrían entenderlo sin que sea su culpa ya que no hay nada más íntimo para muchos que nuestras debilidades y tristezas más profundas, aquellas especiales alergias emocionales y de las cuales no siempre hay alivio; no puedo culpar a quien no puede entender mis motivos por más de que le interese, pero eso no me quita para nada la incertidumbre y sensación de soledad.


Cuestiones laborales y académicas que me hicieron pensar en la desgracia, en un futuro enfermo fruto de un presente desperdiciado continuamente, en ese temor mío a fracasar que muchas veces me condujo a hacerlo, por fallar o simplemente por no hacer. No he hablado de esto con nadie de una forma totalmente sincera o total, no tuve oportunidad de hacerlo con J, tal vez porque no quise que conociera mi debilidad ahora que... y porque ella posiblemente necesite sentirlo y no que se lo cuente, las palabras suelen quedarse cortas y no aguantan adversidades. Puede que ni ella misma... ¿esa será la gran debilidad de J? Si llego, ¿podría yo entender a J, más allá de lo evidente?


¿No será que, en general, exijo demasiado de las personas? Debe haber quien sea capaz de complicarse un poco por mí si yo hago lo mismo por esa persona. Una tarde de sonrisas tampoco lo es todo.


Por eso, me pregunto si habría alguien que me obligue a detener mi trayecto, o que acompañe mi compás, distinto como todos los compases. Y hay días, como estos que están pasando, en que simplemente necesito y quiero que esa persona esté aquí, sin que nada pueda impedirlo.


5 comentarios:

[aN] dijo...

Algún día llegará esa persona, tranquilo, no desesperes.
Por lo menos, yo te puedo decir que ya lo encontré. Así que no es imposible! =)

SomeDevil dijo...

Muchas cosas pierden su encanto al pasar el tiempo,talvez lo hacen por que en realidad no eran especiales.
Espero que hoy estes recuperado de todo lo malo que te ha pasado.
Se olvida todo , yo lo se por que poco a poco esas paginas llenas de palabras se esta borrando.
Al igual que tu desearia que esa persona estuviera a mi lado pero se que no pasara .....nunca.
Besote!!!!

Raulín Raulón... dijo...

Siempre confundible.

Es una inquietud permanente. A veces parece, a veces no, depende de quien quiera ser encontrado.

EmPapeLada dijo...

Soledad, eterna compañera...a mis tristes 20 años puedo decir que...no quiero pensar en eso... simplemente la vida es un vaivén, de experiencias buenas y malas, aunque de las últimas he tenido más y se supone que debo de haber aprendido más. Mis mejores deseos para ti. Saludos.

Raulín Raulón... dijo...

Gracias por los deseos, espero que sea sólo eso: Etapa de aprendizaje.