lunes, 7 de mayo de 2007

Rencor, ¿mal? necesario: La verdad (Parte II)

Mi objetivo se cumplió alrededor de las cuatro de la madrugada, cuando la mayoría de gente ya se había ido de aquella pequeña chupeta que improvisé. No había tocado el tema hasta ese momento, cuando simplemente omití la pregunta de siempre ("¿Y qué está haciendo LMS?") y formule otra más directa: "¿Qué pasó aquella vez?".

La respuesta se estiró hasta una acalorada discusión que tomé como una eventualidad que podría cubrir con tal de enterarme cual había sido "mi error". En un momento no les creí, pues los había acorralado a una confesión conjunta en la que ni siquiera les di ocasión para ir al baño, mientras me iban detallando primero que LMS quería terminar contigo, luego que ella ya había planeado con unas amigas suyas encontrar un motivo para una pelea que podía hacer fuerte y que el objetivo de esto era sacarme de encima porque le gustaba otro pata, con el que había agarrado ya según la siguiente desenvoltura de paquete, y así, que de todas maneras al final de ese ciclo ella ya no estaba conmigo sino con otro pata de entre sus amigos, muchos de los cuales solían ser amigos míos.

En la primera ocasión no lo creí, por lo que me ví forzado a regresar a ciertas interrogantes una y otra vez, haciendo un círculo que de la fricción reiterada ya le había sacado fuego al terreno. Después de aquella noche, tuve una segunda ocasión, pues aún guardaba la secreta esperanza (¿Más todavía? Qué huevón...) de que todas aquellas historias y planes no eran más que delirios de borrachos mentirosos, con cada uno de ellos: Confirmaron sus versiones, incluyendo además que uno de ellos había agarrado con LMS. Ya mucho espacio para crédito no había, sobretodo ante la falta de contradicciones entre la versión sobria y la versión ebria y más que nada, ante esa sensación de haber escuchado al fin algo totalmente cierto.

¿Qué hacer? ¿Qué hubiera pasado con ustedes? Llevaba un poco más de dos años asumiendo que todo esto era una condena de una actitud tan mala que hasta entonces no comprendía y con la cual aún temía volver a tropezar, y resultó que yo era el personaje limpio de todo esto. Tanto tiempo esperando a que me perdonen NADA, pues nada había tenido que ver conmigo, sólo que en el cénit de mi ego y éxito personal (El tipo de éxito para un joven-adolescente) alguien había encontrado mi talón de aquiles, aquel que había mostrado sin restricción alguna.

Con mis dos esbirros la cosa no estaba decidida, aunque en realidad no me importase tanto. Entonces me preguntaba hasta dónde podría llegar mi terquedad por ella y era eso lo que no estaba decidido en ese momento: Domingo inusitadamente soleado en su atardecer, una apariencia especial para una fecha especial que siempre recordaba aún ese día en el que la resaca me había enclaustrado en mi habitación con la radio soltando la voz de Toni Tenille.

Felizmente, en esta prisión existe un telefono de mesa de noche...

1 comentario:

Martín Rincón Hoefken dijo...

¿A quién llamar en una situación así? No lo sé. Prefiero la música de fondo. La vida con música de fondo... Sin teléfono, sin alcohol, sin amigos... Sólo música.