jueves, 31 de mayo de 2007

Indulgencia: Little Wicked Town

Forgive me
for I did not know,
'cause we were just children
pretending so much more.

Than any god could ever plan,
more than a simple woman in my life.
And now you understand how much you took from me:
That, when everything starts breaking down,
We took the pieces off the ground
and show this wicked town
something beautiful and new.

We think that luck
has left us there.
But maybe there's nothing
up in the sky but air.
And there's no mystical design,
no cosmic lover preassigned.
There's nothing you can find
that can not be found.
'cause with all the changes we've been through
It seems the stranger's always me
at the stranger place for you,
alone again in some new
Wicked little town.

So when we've got no other choice
you know you won't can follow my voice.
Through the dark turns and noise
of this wicked little town.

Oh it's a wicked, little town.
Goodbye, wicked little town.



Volví a toparme con ella, sí, con Little Miss Sanchains.

Después de mi publicada revancha, no volví a encontrármela sino hasta el de hace unas horas. Para muchos, como dije antes, podría ser normal la indiferencia hacia una persona con la que no había llegado al mes de relación, más todavía si consideramos mi largo itinerario superación después de aquel accidente. Felizmente dejé el dolor, el daño causado, aquellos sentimientos intensos que se tiene, todo lo que puede provenir de un amor que no entiende de razones, de negativas ni de tiempo, hasta que se olvida y simplemente es enterrado, después desintegrado bajo el crecimiento de un nuevo amor.

Por eso, no me sentí como aquel despechado que se consuela con el infortunio del otro como en alguna ocasión. Simplemente me bastó ver sus ojos más descubiertos que nunca aún sin sus lentes diurnos y luego su perfil, aquel que revela que encuentra consuelo en que el episodio que acababa de acontecer es sólo uno de tantos y está curtido en aquellos trotes lo suficiente como salir normalmente de ellos. Pero esta vez, era demasiado evidente pues la conocía aún como si no hubiera pasado ni un día desde que aquello ocurrió: Little Miss Sanchains sólo atinaba a seguir bailando con los ojos cerrados, alejarse a los balcones o a la barra para no ver lo que ya no tenía porque, para olvidarlo, verla sentada era verla vencida por algo ineludible.

Aún así, no podía eludir la compasión por la tristeza que ya conocía y en ese momento sólo tuve ganas de pasarle un mechón de cabello detrás de la oreja y hacerla mirarme para que se dispusiera a desahogarse, sin consolarla ni aconsejarle nada, puesto que yo conocía lo que esas facciones de momentos se deben sólo a acumular pena, decepción. Como ella me dijo aquel día, era como mirarse a un espejo, en esas circunstancias, y por eso llegué a entenderla por lo menos en ese momento, como el amigo que nunca volví a ser y del que me hubiera gustado fungir, al menos.

Según supe, su camino después de mí tuvo sus momentos de alegría y decepción, de avance y retroceso, como todos. No tuve satisfacción ni demasiada pena al ver que ella, al menos ahora, se sentía como yo en otras ocasiones, sino que comencé a pensar que aparte del conocimiento de ese terreno (en sus manifestaciones de soledad e incomodidad), el resto de cosas importantes ya se habían desvanecido. No creí que esta coincidencia no forzada de la barra me fuera favorable, me quedé unos minutos más ahí hasta que volví con mi grupo de amigos, sin dejar de verla.

Contradictoriamente, evité acercarme no sólo por ser muy desconfiado de esas señales sino que, como dije, soy de esas personas que no olvidan y que no dudan que quién hiere una vez, puede herir aún más en cualquier momento. Simplemente la dejé con mi condescendencia y una hora después vine a tipear esto. De todos modos, no puedo evitar en lo que habría pasado, si hubiera sido bueno abordarla o no, volver a cruzar más de cuatro oraciones, saber cuanto ha cambiado en todo este tiempo según ella misma.

No dejo de escuchar Wicked Little Town por ser una canción sincera, de redescubrimiento de seres humanos que, por eso, merecen algo de misericordia. Me gusta la canción y escucharla ahora, pensando en lo que hemos dejado el uno en el otro en ese corto tiempo, porque ella solía hablar del destino y uno de sus alegatos para terminar conmigo giró en torno a mi intención de torcer nuestros designios, y para admitir finalmente que todos nos habíamos equivocado. Eso sí, era mejor dejarla sufrir sola que comprarle su desdicha ahora que aquel incidente tiene más de cinco años de acontecido, así como ahora y por mi lado, admito toda la verdad, sin aspaviento.

Escuchar aquella canción es lo único que haré mientras tomo mi Kiwigen, mientras descubro que no puedo conmoverme un poco más, ni esfrozándome, de lo que puede uno al percibir el sentimiento que ya tuvo. Sólo el agradecimiento de toda la inspiración (2002-2004) y, como a todos, el hecho de haber arrendado un lote en mi vida, aunque se haya quedado demasiado tiempo sin pagar la renta como Don Ramón.

1 comentario:

D€m€nT¡∂ dijo...

yo me pregunto si reaccionare de esa forma cuando lo vea a EL despues de mucho tiempo...
buen escrito