martes, 20 de enero de 2009

Un sombrío lugar común


Charly García, de audición obligatoria durante la siguiente lectura.


He ido al sur porque quería estar solo. Estoy sentado en ese estrecho asiento de combi ahora, pues he vuelto a Lima a estar solo, y jamás podría compartir con nadie este tipo de momentos.


Son más de las 11:30 p.m. en Miraflores, donde he tomado la combi; tenía hambre pero preferí no comer, por la razón de costumbre consistente en no encontrar una oferta mejor que Bembos, plenamente inadecuada para mí, y es mi ley: Ante ofertas inadecuadas, prefiero dejar que mi estómago demuestre lo curtido que está para el ácido gástrico y para mi vida, que le echa el cuádruple de ácido.


Estoy cansado. Me la pasé varías decenas de minutos paseando entre parques, jirones, tiendas y siento el mismo cansancio que puede sentir uno que ha pasado todo el tiempo por un lugar invariable. Y aquí en la combi, me sigo preguntando qué hace que no me interese en la vida de alguien más, qué hace que alguien no se interese en mi vida, en qué consiste esa diferencia en demasía respecto al resto y cuán útil es que a uno se lo mencionen elogiosamente, hasta convertirlo en un pesado regaño con pinta cariñosa.


No soy el único solitario por circunstancias particulares aquí, cruzando el pasillo está una chica delgada, algo dientona, medio narizona, flaca, con un peinado ideal para comprarle una máscara de diablada puneña: Fea, o tal vez no me gusta y punto, finalmente ambos conceptos son idénticos para efectos de este soliloquio de maldición. Lo suficientemente fea como para no dejar de mirarla y conmoverme, como para pensar en cualquier otra causa para su posición melancólica en su asiento que no sea "eso", como para querer comprobar que dentro existen nervios, médula y un corazón que cambia de velocidad. Eso mismo que yo tengo, aunque a veces siento que la fealdad me ha quitado la médula de humanidad, no sé si para convertirme en un dios o en un eslabón perdido, porque tal fealdad sería simple si fuera sólo consistente en una cara fea, lentes, flaccidez y más, pero resulta que la mía se hace sentir metafísica en ciertos momentos.


Ahora me pregunto si hace falta ser olímpicamente feo para que, aparte de sentirse como la pieza sobrante, una fea de Champions League se asuste con la mirada visitante de uno (pensaba quedarme un toque más, pero al encontrar poca hospitalidad, prefiero mirar los grafittis del asiento...), pero en lugar de crucificarme, vuelvo a mi respuesta de siempre, más auspiciosa: Entre solitarios, la comprensión mutua es mucho más fácil que la comunicación, es como leer un libro pero luego no poder hablar o responder un cuestionario sobre él; y los solitarios hablamos un idioma incluso más difícil que el de los enamorados de la canción de Calamaro, lo suficiente como para no encontrar así nomás intérprete adecuada.


Como para echarle más canela al quaker, detrás mío escucho una voz muy conocida, especialmente en esas labores de recordación de mi posición de bicho frik del hormiguero adolescente. A ella sí me quedé mirándola con la suficiente intención para perturbar su conversación sobre los agarres del cumpleaños de Karen, perturbar su cómoda posición de chica cuya ausencia en cualquier reu o tono es siempre dolida, de poder escoger que hacer y no hacer, con que "chico" y con cual no. Hay un feo mirándote, imaginando que después de descubrir que conoces su idioma (aunque, como con el quechua, también lo hayas negado mil veces antes y después del alba), lo besas, lo acaricias y se la chupas como en las horribles películas de calatas (o de dibujos animados de calatas) que de seguro ve con avidez.


Me desagrada de sobremanera como el tipo de adelante trata de encorvar su cabello, tratando de que le quede como Oliver. Vuelvo a ver a la fea y sigue en lo suyo, prefiriendo su independencia como yo también haría si me pasara lo mismo, prefiere pensar en que cosa tiene esa peliteñida del asiento de adelante para poder estar con ese Oliver, con sus discos indie y su ropa medio vintage, tan culto, artista y singular. Yo también trato de pensar en que el pata de adelante, aquel que se ve cansado y abrazado por su intérprete, dejó sus cosas en el gimnasio, porque para salir con zapatillas y camisa, fácil se trata de un disciplinado cultor pese a los pocos resultados que presente (hablo sólo de cuerpo, hay caras que ni con el Dalai Lama se arreglan).


El único escape que tiene el insulismo en una combi, fuera de las miradas que generalmente no sirven como puente, es la salida. Ya me toca bajar y liberar mis fantasmas a cuadra y media a la redonda, Av. Talara, la distancia desde el paradero hasta llegar a mi habitación de segundo piso. Tengo hambre y sueño, y pese a ello, será una larga noche...


Recién recuerdo que la federal contestó una llamada de celular, sonriendo como no se le sonríe a ningún familiar. Prefiero pensar que me cagó, mientras me río y me doy cuenta que ya cayó el alba y que no había podido dormir. Cosas que pasan, noches que caen...

7 comentarios:

Yvonne dijo...

De qué se trataba la historia, de lo imposible que es dejar de ser fea, de tu hambre insatisfecha o de tu combi miraflorina? dormiste?

¿Odio a las Gordas? dijo...

Ya ves Raulín? divagas mucho, por eso no te entendió Yvonne, bueno, yo tampoco, porque más atención le prestaba a Charly García que a la lectura, al final acabó la canción y no terminaba de leer, entonces, me llegó y pasé a comentar cojudeces.
saludos

Alberto F

Raulín Raulón... dijo...

Yvonne: De las tres cosas, y a la vez de ninguna.

Alberto: Parece una costumbre tuya, maestro. Saludos.

Acuarius dijo...

se que mi comentario no tiene nada que ver con tu post aunque si lo lei. So queria decir que te vi en Madrid y si, que es mas probable, no fuiste tu, tienes un doble. Al menos por lo que veo en tus fotos.

Giancarlo P. dijo...

Pero tiene sentido, ¿no? Hay un cordón umbilical entre el hambre y la fealdad. Por algo eso de que en tiempos de guerra..

Raulín Raulón... dijo...

Acuariana: Yo pensé que mi doble estaba en la India, fácil se fue a hacer turismo.

De hecho, hace unos meses pensaba que mi alma gemela estaba en Madrid, pero cuando volvió, descubrí que no era así.

Gianchico: Y en tiempo de paz, ningún hueco está de más.

Yvonne dijo...

Raulín Raulón... dijo...
Yvonne: De las tres cosas, y a la vez de ninguna.

Tienes toda la razón :d xd