lunes, 23 de abril de 2007

Literalmente, te quiero comer


Les cuento que tuve que huir de una mujer.

El año pasado, en plena primavera interior***, me vi dolorosamente forzado a "dejar en paz" a mi postre de limón del 2006, de quien les contaré en otra entrada porque es una mujer tan increible que se merece su propio post, a pesar de todo. Eso me dejó hartas ganas de volver a dejar Lima después de mucho tiempo porque simplemente esto era insostenible en invierno. En las tres semanas (principalmente aprovechadas la Bahía de San Fernando, donde incluso escribí el guión de una teleyaculadora***), regresé muy relajado y liviano, y seguí así a pesar de haber cruzado miradas con ella el primer día de clases (algo que quería evitar). Después de ciertas pequeñas dificultades, incluyendo la mencionada, un dolor agudo me atacó continuamente el estómago haciéndome pensar lo peor, en mi riesgosamente desperdiciada vida de fumador vago y con sobrepeso, en el cáncer y en todas las revistas médicas que devoré para convencerme de dejar el cigarro y el alcohol, sin éxito.

Un médico veraz me dijo que se trataba de una simple gastritis y un psicólogo sincero (?) me dijo que estaba muy malacostumbrado a no sufrir dolor y a una salud sin complicaciones, por lo que solía (suelo, eso no se me quita) pensar infundadamente en muerte, cáncer o agonía cada vez que sintiera esas punzadas en cualquier zona del tórax. Receta: Ranitidina, Mylanta y unas cuantas pepas para evitar la ansiedad que tan al filo del abismo me había puesto.

Dejé las pastillas porque simplemente me aburre medicarme, decidí inclinarme nuevamente a la medicina de abuela (piña, manzana y papa en extracto); de la misma manera, en vez de seguir con la rutina semanal de consultas, decidí descifrar este criptograma con la más concreta y menos dolorosa forma de autosinceramiento: Mis queridas explicaciones científicas. Para mí, todo tiene trasfondo en la ciencia, si no es su explicación, al menos es su solución o su paliativo, una forma de hacerlo pasar piola si quieren.

Sucede que con el enamoramiento, aparte de la segregación generosa de distintas hormonas a través de los poros, la sensación de supuesta alegría y el aumento del ritmo cardíaco, se desencadena otra reacción mucho más común y mucho más dañina (en ciertos casos) para el cuerpo: El estómago produce mucho más ácido gástrico que de costumbre. Eso explica muchas cosas comunes entre los correspondidos y los rechazados como el incremento de apetito, ciertas vinagreras, ganas de tener algo en la boca como un cigarro, mayor salivación, entre otras.

Mientras comía mi suave y monse ensalada SIN LIMÓN (realmente monse la vida sin limón) meditaba a que se debía. Se dice con mucha razón que las incertidumbres y los miedos producen siempre estas reacciones y, justamente, uno de los estados en donde más se da esta concurrencia de sensaciones es en el enamoramiento, en la duda que suele conllevar, en la desazón de algunos errores e incluso en el éxtasis de algunos momento. Yo supuse que iba mucho más allá, que de todas maneras tenía que ampliar la teoría.

Los placeres son las respuestas a la satisfacción a las dos necesidades más eróticas del ser humano: Alimentación y Reproducción, o lo gratificante que puede ser su intento. Ambas tienen manifestaciones muy similares también cuando existe deseo de satisfacerlas y en el momento mismo, aparte de tener formas muy similares de incitar dicha necesidad. En mi caso, cuando yo deseo a alguien (pongamos como ejemplo a Limón, usando su polerón verde limón) no me basta sólo con contrasuelearla y hasta la vista oportunista, creo que a todos nos gusta explorar ciertas zonas de su cuerpo, sobretodo aquellas donde se ubican esos rollos deliciosos al tacto, saborear la piel y ponerla en contacto con la boca, olfatearla (con ciertos olores, perdemos la cabeza). Me encanta la idea de abrazar a limón, besarle la nuca, la frente, las mejillas, piel suave y muy fresca, sentir el olor de su cuello y el tan distinto de sus labios... todo eso da hambre...

Soy de esos tipos convencidos de dos cosas: 1) Lo que entra por los ojos, no siempre se queda gracias a los otros sentidos y 2) En el amor de pareja necesariamente hay un componente sexual. Acariciar a alguien es como disfrutar de a pocos un delicioso helado de menta con chocolate, o en este caso, un rico y tierno helado de suave limón. Limón es (hasta donde sé al día de hoy) una niña bastante inocente y ese mínimo sentimiento de culpa que a veces sentía no menguaba en absoluto mis deseos de COMÉRMELA.

Bueno, después de todo no comí, me quedé con las ganas. No me dio un feo "calambre genital" como pasa cuando le cierran el arco a uno, pero algo así es la gastritis que enfrentaba. Aunque, en verdad, la cura está también en comer algo, aunque sea para engañar al estómago y al corazón, al menos por salud.



***Primavera interior: Período especial del año en que uno se pone más meloso, amante y sensible que de costumbre. Está en su primavera interior, fácil no querrá pelotear el domingo.

*** Teleyaculadora: Especie extraña de culebrón televisivo donde el tema principal es un hombre en búsqueda de su felicidad o al menos de satisfacciones pasajeras. No se me ocurre ninguna oración.

1 comentario:

Martín Rincón Hoefken dijo...

Para algunos la gastritis... Para mí, la Pitiriasis Rosada.