lunes, 9 de junio de 2008

Conclusión: La última carcajada de Carlos "Inversionista" Manrique













Esta es la continuación del post dedicado a Carlos Manrique, uno de esos personajes públicos/faranduleros que sin intención, terminan aleccionándonos, como el Puma en el anterior post. (Poner play en el vídeo para comenzar a leer, maestro Raphael).











RR: ¿Sabes? Eres mi amigo, pero soy abogado. Por tanto, nunca me he visto poniéndome una máscara de...



Oswaldo: No sé compadre, tú escogiste la del corredor enmascarado.



RR: Caray, ¿no tienes una de un chanchito, hecha de cuero de chanchito?



Oswaldo: No, eso lo tienen otros, que tienen su cuarto pintado de rojo.











Accedí no sólo por sentir, una década después, la adrenalina ausente en casi toda mi adolescencia, aunque sea emulando proezas ficticias. No sólo por ello.











Oswaldo no es como muchas de mis amigas y muchos de mis amigos, que repiten sus historietas entre balbuceos, sollozos, "mmmmmmm", "uuuuuuuuuuuhhhh", "sniiiiifffff", "oñoñoy", y otras onomatopeyas de tristeza; me lo dijo directamente, terminando su expresión sin perder la oportunidad de meterme mi chiquita a modo de ofrenda al oráculo: "Y yo sé que ya has pasado por esa situación". Por su sinceridad, me gusta andar con él.











Él y su KAS (no tengo otra forma de llamarla, porque es una de esas nuevas variedades de relaciones amorosas que surgen de la generación X, y porque las iniciales son sólo para las de mi vida) habían vuelto a juntarse. Nunca supe cuál fue la causa de su rompimiento entonces, ni me interesó, porque yo estaba puntero y a tiro de campeonato. Al menos presumía que uno de los motivos era el que nos reunía esta noche, en mi posición de amigo ingrato que sólo da ojos a sus patas cuando está triste, cuando está solo, cuando no le salió nada esa noche (grandísimo perro puedo ser) o cuando está en reestructuración.











Oswaldo conoció a su KAS mientras ella escapaba, casi literalmente, de su relación con un cumbiero intelectual, conato remedoso de sociólogo PUCP, a diferencia de mi amigo y de su KAS que eran sanmarquinos, hace unos tres años. Desde el comienzo, su afinidad fue magnífica, así como la compatibilidad de sus mundos, incluso llegando a presentarla en dos de nuestras reunas (cosa no tan fácil a veces), y lo más gracioso: Ver los ambiguos nicks de Oswert en el MSN que nos obligaban a preguntar por ello, para que él nos cuente su venturosa marcha hasta que... y hasta lo increíble, me alegraba esa felicidad de mi amigo, tan limpia, tan libre de estupideces, tan merecida...











Todo estupendo, hasta que algo pasaba que obligaba a su KAS decir una frase bien jodida cuando uno va puntero: "Tú y yo podemos ser amigos". Se lo dijo en un par de ocasiones, una de ellas incluso después de "haber cachado como conejos toda esa noche" (recuerdo perfectamente como dijo esa frase, despotricando contra esa situación, contra la impotencia), según nos contó cuando decidió sincerarse conmigo y otros amigos, en una situación en la que también pudo acordarse de sus amigos: Ella había dejado de dar señales aquella semana, y ese viernes, estaría en el cumpleaños del cumbiero intelectual en Sargento, confirmado.











En los siguientes tres o cuatro meses, con varias excursiones Sargento-Dragón-Oso-Tizón-Etnias-Pollos Pier de por medio con el fin de refrescar nuestros corazones y alivianar nuestros cerebros, Oswaldo pudo olvidarse un rato de ella... hasta el primer día del 2006. Oswaldo y su KAS volvieron, pero esta vez "con todas las de la ley", estaban, cogidos de la mano los vi en el cumple de ella unas semanas después. Y así volvieron a pasar por un camino de herradura de aquellos que dejan hartas heridas en la lata...











Tuve la desdicha de encontrármelo una infausta noche del invierno de ese año. Me topé con él milagrosamente, mientras me preguntaba que hacía en esa fiesta de científicos sociales, mientras no podía ni fumar ni tomar por la gastritis, siendo el fenómeno jurídico rodeado de unos burguesitos que pensaban dejar de serlo adoptando poses, jugando a la veneración combi y toda esa bazofia. Su imagen era la única en esa fiesta correspondiente a un estado de ánimo real, arrinconado a la barra, mirando sin reproche hacia el otro lado del canchón a un tipo pelucón, con lentes conversando con... adivinen quien. Oswaldo dijo algo que, para variar, se me clavó y confirmó su paternidad sobre mí por entonces.











- Se parecen, sólo que tú eres un buen marido y eres gordo.











Mandé al diablo mi restricción, sólo por escuchar algo que es muy difícil narrar cuando no se está tan triste y se está rodeado de más de cuatro personas. Hacía unos meses, el cumbiero intelectual había vuelto a frecuentar a su KAS, lo que provocó la iracunda reacción de Oswaldo en una reunión donde, siendo casi todos conocidos o compinches del otro, mi amigo tuvo la posición perdedora de outsider.











¿Por qué tanto encono hacia el cumbiero intelectual? Era un poserín, sí, pero inocente hasta que Oswaldo despedazó esa presunción: Me contó que en los años que el cumbiero estuvo con ella, le había sacado la vuelta hasta tres veces; en un viaje que tuvieron juntos, él la hizo regresar sola por un "motivo muy confuso"; en ciertas borracheras, solía gritarle en la calle; le enseñó a lanzar, entre otras cosas aún peores. Y esa noche, después de haberse enliado con otra chica que lo mandço a rodar, vuelve a la carga...











Yo también estaba harto de recibir castigos por no hacer nada tan jodido como eso, y fui tan claro como no pude ser conmigo mismo por entonces: "Mándala a la mierda, cholo, tú no tienes porque ser su terapeuta". Y eso hizo, tan fácil que pareció, como que mi amigo es unos meses mayor que yo.











Volvemos a la actualidad. Yo poniéndome la máscara, en parte por joda, pero dispuesto a desahuevar a alguien que, injusta pero ciertamente, pagaría por todos a quienes no había puesto en vereda en mi vida. La cosa era ir hasta su casa, asegurarse primero de que no esté con ella y luego, imposibilitar su noche. Sin embargo, él mismo intento retractarse...











Oswaldo (enterrando la mirada en la mesa): Oye, no es bueno que hagas esto, mejor lo dejamos ahí...



RR: ¿Qué pasa ahora? Si quieres le paso la voz a Aldo y a Lalo.



Oswaldo: No, tío, no. Esto no tiene sentido, ¿por qué ella no puede zafarse de se huevón? ¿Tanto le gusta el golpe?



RR: ¿Cómo?



Oswaldo: La cojuda no avanza, carajo, este hijo de puta no la deja (Encendió un cigarro, y comenzó a dar vueltas frenéticamente en esa sala iluminada por una lámpara colgante). Cae una y otra vez en sus trampas, en no sé qué, retorna y luego regresa después de que la hacen mierda...



RR: ¿Y tú, huevón? ¿Este no es tu segundo regreso?











Oswaldo me miró a los ojos, largamente. Sabía lo que iba a decir, pero buscaba el toque preciso.











Oswaldo: Yo estoy harto de esa huevona, estoy harto de su amigo pastrulo, de que siga como un taladro en la arena. Me llega al pincho haber caído una y otra vez en lo mismo, carajo.



RR: ¿Verdad? ¿Sabes qué hacer?



Oswaldo: Eso no me deja avanzar a mí tampoco, ¿te das cuenta? No tengo porque recibir los restos de ella cada vez que va a que la despedacen. Ni cagando, yo ya no...



RR: ¿Hablarás con ella? ¿Le vas a decir algo?



Oswaldo: No. Si le importa, ella sabrá como arreglarlo.











Me quedé en su casa un buen rato, hablando sobre otras cosas, sobre la vida que había pasado mientras estábamos dentro de un auto averiado, cada quien en su momento.











Y de regreso a casa, no dejé de preguntarme si es un buen camino el que he elegido para no volver a pisar el mismo mojón, o si este me conducirá nuevamente al pueblo del que me vi forzado a escapar. Oswaldo se negó a caer de nuevo por cargar una cruz humana, ¿seré capaz de no volver a cometer mis errores?











No hace falta ser más viejo para dejar de ser cretino, como esos ancianos a los que timó "Cheverengue"...















4 comentarios:

Elmo Nofeo dijo...

Interesante la extrapolación, pero no se porque, yo esperaba encontrar algo acerca de los travestis que acompañaron a Manrique es una de sus últimas fiestas.

Fr@nk M!Ch@ell dijo...

Hola amigo, solamente pase por aqui por ahora para manifestarte que te he nominado a un premio Brillante Weblog 2008, solo visita mi blog y veras, ah y el premio lo recoges el día que me acuerde entregartelo jeje. Saludos.

Fiore dijo...

ay caray!!!
que tal conversa!!

y sobre ese tipo!! ningun peruano lo tendrá en el olvido, eso es seguro

un bso

Raulín Raulón... dijo...

Elmo: Por favor, Elmo, jajaja, me ofendes. No llego a profundizar tanto en la farandulería.

Yo conozco que existen fiestas de travesaños en otros estamentos.

Frank: Gracias. Pasaré por ahí a recoger el premio.

Fiore: MMMMMMMM, no era precisamente sobre Cheverengue, sino sobre alguien "afín".