En la guerra del amor... Vale Todo
20-Ene-2005
Contextualizando, estaba de moda La mesa que más aplauda, comenzaba la onda del perreo, de las discos gay. El escribiente aún era puntero, segunda rueda de un campeonato que, antes de navidad, parecía certeramente suyo.
Cuanta inexperiencia.
La sola sensación de estar perdiendo el control de las cosas, la cabeza y, por ahora, la atención de D, ya me estaba forzando a dar mi brazo a torcer, y mi cuello a ejercer una llave Nelson, o como se llame la maniobra esa.
No confío, no confío, no confío, a pesar de todo. No confío en sus amigas, casi todas muestran esas típicas actitudes antihombres ultra refinadas contra mí y sospecho que sólo contra mí. No confío en el retorno del ex suyo, auspiciado gentilmente por L y las pedorras de sus otras amigas, ¿no había sido suficiente ya con lo anterior? ¿A estas huevonas les encanta ver a su amiga camino al cadalzo cada hora?
Y las cosas que pueden ser la peores: No confío en ella, ¿cómo confiar en alguien con quien ni siquiera estoy? ¿Cómo confiar en alguien que es parte de la cadena, y dentro de la cadena está de moda jugar a las bitches? Tampoco confío en mí, ni en mis movimientos, pareciese que la onda navideña y el descolocamiento del ex me rindieron resultados, a la larga, adversos; ¿cómo confiar, si en estos momentos ya había activado el Piloto Automático?
La confianza no crecer en los árboles, ni es un fósil que puedes extraer del subsuelo; es algo de más valor que hay que conquistar, domesticar y hacer crecer.
Ya que no crece, estoy aquí, en la barra, solo. Algunos metros más allá está D, con L, la pandilla pedorra y un par de brocolis. Algunos centímetros cerca de mí, una pareja de homosexuales.
Sept-2008
Sin Alfonso, nos sentíamos bastante menos cohibidos, lo suficiente para hablar de nustras propias represiones.
Hernando: ¿Tú crees que sea necesario que la vuelva a llamar?
RR: De todas maneras. Mira, hagamos algo, yo la llamo y grito nomás para que me diga donde está, ¿está bien? Y ya pues, nos movemos si no está acá.
"Danielaaaaaaaaaa, Danielaaaaaaaaaaaa, ¿dónde estás? ¿Dónde estás?" En eso iba a consistir mi chamullo, pero el celular estaba apagado. Eso no nos ayudó mucho, sobretodo a Hernando, que no pudo evitar especulaciones fatales, y luego confesiones delicadas.
La barra no tenía porque ser mi lugar. En verdad, me sentiría más cómodo en ese rincón de rostros que no se miran, de abrumadora y masiva mayoría femenina, con un espacio para un hombre más aparte de los cabizbajos ya ocupantes.
Había comenzado bien la noche, no tenía porque ser mezquino, pero había cambiado demasiado, lo suficiente para dejar de acogerme. Por eso, mejor arrinconarme al lado de esas mujeres que, de alguna manera, querían enmascarar una realidad de soledad.
Ninguno de nosotros se miraba, los puntos intermedios del espacio adquirían trascendencia, y nadie dudaba en afirmar su territorio en contra del otro, ni yo: Chicas feas y/o gordas antihombres, relegadas por su propia gente para que no caguen ningún plan; más, cabros oprimidos, que aún no pueden aceptar haber asumido la volubilidad de sus amantes, ni el hecho de no haber guardado la boleta para devolverlos.
Contextualizando, estaba de moda La mesa que más aplauda, comenzaba la onda del perreo, de las discos gay. El escribiente aún era puntero, segunda rueda de un campeonato que, antes de navidad, parecía certeramente suyo.
Cuanta inexperiencia.
La sola sensación de estar perdiendo el control de las cosas, la cabeza y, por ahora, la atención de D, ya me estaba forzando a dar mi brazo a torcer, y mi cuello a ejercer una llave Nelson, o como se llame la maniobra esa.
No confío, no confío, no confío, a pesar de todo. No confío en sus amigas, casi todas muestran esas típicas actitudes antihombres ultra refinadas contra mí y sospecho que sólo contra mí. No confío en el retorno del ex suyo, auspiciado gentilmente por L y las pedorras de sus otras amigas, ¿no había sido suficiente ya con lo anterior? ¿A estas huevonas les encanta ver a su amiga camino al cadalzo cada hora?
Y las cosas que pueden ser la peores: No confío en ella, ¿cómo confiar en alguien con quien ni siquiera estoy? ¿Cómo confiar en alguien que es parte de la cadena, y dentro de la cadena está de moda jugar a las bitches? Tampoco confío en mí, ni en mis movimientos, pareciese que la onda navideña y el descolocamiento del ex me rindieron resultados, a la larga, adversos; ¿cómo confiar, si en estos momentos ya había activado el Piloto Automático?
La confianza no crecer en los árboles, ni es un fósil que puedes extraer del subsuelo; es algo de más valor que hay que conquistar, domesticar y hacer crecer.
Ya que no crece, estoy aquí, en la barra, solo. Algunos metros más allá está D, con L, la pandilla pedorra y un par de brocolis. Algunos centímetros cerca de mí, una pareja de homosexuales.
Sept-2008
Sin Alfonso, nos sentíamos bastante menos cohibidos, lo suficiente para hablar de nustras propias represiones.
Hernando: ¿Tú crees que sea necesario que la vuelva a llamar?
RR: De todas maneras. Mira, hagamos algo, yo la llamo y grito nomás para que me diga donde está, ¿está bien? Y ya pues, nos movemos si no está acá.
"Danielaaaaaaaaaa, Danielaaaaaaaaaaaa, ¿dónde estás? ¿Dónde estás?" En eso iba a consistir mi chamullo, pero el celular estaba apagado. Eso no nos ayudó mucho, sobretodo a Hernando, que no pudo evitar especulaciones fatales, y luego confesiones delicadas.
La barra no tenía porque ser mi lugar. En verdad, me sentiría más cómodo en ese rincón de rostros que no se miran, de abrumadora y masiva mayoría femenina, con un espacio para un hombre más aparte de los cabizbajos ya ocupantes.
Había comenzado bien la noche, no tenía porque ser mezquino, pero había cambiado demasiado, lo suficiente para dejar de acogerme. Por eso, mejor arrinconarme al lado de esas mujeres que, de alguna manera, querían enmascarar una realidad de soledad.
Ninguno de nosotros se miraba, los puntos intermedios del espacio adquirían trascendencia, y nadie dudaba en afirmar su territorio en contra del otro, ni yo: Chicas feas y/o gordas antihombres, relegadas por su propia gente para que no caguen ningún plan; más, cabros oprimidos, que aún no pueden aceptar haber asumido la volubilidad de sus amantes, ni el hecho de no haber guardado la boleta para devolverlos.
3 comentarios:
Dear Raulín Raulón: El amor duele, el amor mata, el amor sufre, el amor vive, y mi opinión es que usted debe dejarse caer para el amor lo aspire.
Nota: Pense que eso del perreo no existia, ja ja ja. Sorry.
por más que por momentos al ver la risible película el cantante de bodas cantemos todos al unísono love stinks, estamos propensos a él, no existe ninguna vacuna ante él, o no somos seres cuasi computadores como Sheldon de the big bang theory si es que alguna vez has visto, y por más que jode y saca nuestro lado más cojudo....es paja
Mi estimado, creo que tu esfuerzos son vanos. Lamentablemente y acaso felizmente, no somos inmunes al amor. Te lo digo tal cual.
Lo que lo hace difícil es el tratar de entender por qué -a veces- no recibimos lo mismo.
En fin...
Paciencia, dicen.
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